domingo, 2 de noviembre de 2014

El gran amor de Bolívar.

Mucho se ha hablado de los amores que el 'Libertador' mantuvo durante sus escasísimos y turbulentos 47 años en los que piso ésta, su amada tierra Americana, más de 20 siendo cronológicamente las más conocidas: la rubia revolucionaria mejicana Iganacia Roriguez de Velasco y Osorio, llamada la 'Güera Rodríguez', quien lo tomó siendo casi un adolescente. En Francia conoce a su prima lejana Fanny Du Villars, hija del Barón de Tibiard, 'mi adorable Fanny' , como la llamaba Bolívar; en Jamaica conoce a la exuberante Luisa Crober, una bella mulata de ojos verdes quien sin proponérselo le salva la vida al futuro Libertador, al atraerlo a su lecho y alejarlo de su cuartel en donde un asesino a sueldo llegó hasta su hamaca y mató a Félix Amestoy, un gran amigo, quien se recostó en ella para esperarlo.

Luego aparece la margariteña Asunción Jimenez, a este fugaz amorío siguió Isabel Soublette, hermana de su general y 'mano derecha' Carlos Soublette. Durante la Campaña Admirable, encontró a una bella campesina de Capacho en el Táchira, Juana Pastrano Salcedo, y a quien su madre la oculto cuando El Supremo Comandante regresó para libertar a Venezuela. En La Gran Colombia disputaron sus amores 'Las Ibañez' Nicolaza y Berdardina, la primera en Ocaña hacia 1813 y la segunda en la capital de la Nueva Granada en 1819, después del triunfo de Boyacá. Unos años después aparece en la vida del Libertador Manuelita Sáenz de Thorne, en la entrada triunfante a Quito después de la batalla de Pichincha el 16 de junio de 1822. Son también recordadas pero más fugaces, Bendita Natal; Therese Lesnais, madre de Flora Tristán; Anne Lenoit; sus primas las hermanas Aristiguieta;  Barbara y Juana de Dios Lemus; Salustiana y Maria de Jesús Patiño; Manuela White, hermosa maestra de párvulos en Caracas; Teresa Mancebo; la efímera enamorada Janeth Hart; Tomasa de Suero y Larrea poetisa peruana; la milanesa Marina; la esquiva Delfina Guardiola y no podía faltar una bellísima realista, la joven y hermosa Aurora Pardo, a quien conoce en un baile en Lima en honor a Sucre.
Bolívar y Pepita, en la película
'El hombre de las dificultades'

Sí, ellas fueron amantes del 'Genio de América', pero también es cierto que solo tres emblemáticas mujeres llenaron de verdad el corazón y el tiempo del 'Libertador'... su esposa Maria Teresa Rodriguez del Toro y Alayza; Manuelita Saenz y entre las dos está el verdadero amor de Bolívar, Josefina Machado Madriz, conocida cariñosamente como 'Pepita' o doña 'Pepa' como respetuosamente la llamaban la tropa y la oficialidad del Libertador. La primera su esposa y la segunda su amante y Pepita 'mi adorada mujer'. La mujer que lo acompañó durante siete años a la construcción del 'sueño bolivariano' aquella que lo siguió en los peores años y en las peores condiciones, en las batallas y sus largos desplazamientos y travesías por la inhóspita geografía de Venezuela, aquella que lo esperaba noche y día, todos los días para darle la paz y el descanso de su regazo hasta su muerte en 1820 diez años antes de la muerte de su amado "negrito" como le decía a Simón.

Era Ella, una joven y hermosa caraqueña de 20 años con un armonioso cuerpo sensual como ninguno que hubiese conocido el 'mantuano', de tez morena clara, ojos ensoñadores muy oscuros, provocativos labios enmarcados en una poblada y ensortijada cabellera negra. Valiente y tenaz, mujer del deber... Ella le cocinaba a su compañero, le cocía su ropa que se la mantenía limpia, después de las batallas fungía como una amorosa y dedicada enfermera y en fín... "Era de carácter audaz y dueña de una memoria envidiable. Saludaba por su nombre y apellido a todas las personas a quienes había conocido con gestos airosos y desembarazados. Su inteligencia cautiva al Libertador y juntos deciden hacer pública la unión." Desde luego, a pesar de la época, instituyó en su vida lo que sería a futuro la "Unión Libre" jamás se volvió a casar.

Y así Pepita acompaña a Bolívar por toda la geografía de los llanos venezolanos lucha tras lucha hasta la batalla de las Queseras del Medio, aquella que se recordará como la de "Vuelvan Caras" en abril de 1819. Allí el 'Gran General' se dispone, no volver a Caracas, sino emprender el 'Paso de los Andes' en compañía de Santander, prohibiéndole más que rogarle a Pepita que se quedara en Angostura mientras el emprendía la difícil y admirable campaña hacia Santa Fé de Bogotá, la capital del virreinato de la Nueva Granada, de la que sale victorioso después de la definitiva y contundente Batalla de Boyacá en agosto de 1819.

Victorioso y apertrechado con un gran ejercito, el 'Vencedor de Boyacá' regresa a Venezuela por Angostura, "... sin que sus amoríos con Bernardina Ibañez, la bogotana, la desplazaran. La caraqueña había adelgazado. Sus bellos ojos brillaban febriles sobre unas cuencas amoratadas. La tuberculosis según le dijeron los médicos se había declarado. Quizá el clima de Bogotá -dijo uno de ellos- le sentará mucho mejor," Así embarcó a su amada con su ejercito en la navidad de ese año inmortal, por el río Orinoco. En la correría Pepita tuvo dos crisis (hemoptisis). Al llegar a Achaguas ya está tosiendo demasiado y esputa sangre muy de seguido; después de un grave cuadro febril pierde el conocimiento y entra en coma y muere. Bolívar, destrozado de dolor la entierra en una colina donde no llegan las aguas cuando la sabana se inunda y a 'doña Pepa' la despiden con honores de gratitud y cariño, en los primeros días de 1820.

Qué duda cabe, fue su gran amor, la de los 'años terribles'... "Comprendió en ese momento, y así lo dio a entender en sus escritos, que 'la gloria y el poder no valían nada si al ser amado se lo lleva la muerte'. Pepita, desde que perdió a su primera mujer dieciocho años atrás, hubiese sido el único ser por el que quebrantaría su voto de permanecer viudo hasta el final de sus días. Por ella, a pesar se todos sus triunfos y laureles, hubiese aceptado 'el ser un pacífico alcalde de San Mateo'..."

Así hablaba el Libertador muchos años después, cerca de su ocaso: "Nunca el destino me permitió más de seis meses de paz y alegría, acicateándome por lo contrario con todas las penas y rigores de la que es capaz e sufrir el alma humana. ¿No me arrebató también a mi querida Pepita Machado,mi compañera de más de siete años? ¿No murió acaso del mismo mal que mató a mi madre y que desde niño aprendí a temer y a conocer con espanto? El, como todos sabemos con certeza clínica, diez años después de haber enterrado a su Pepita, moría del mismo mal de esos dos seres tan amados, en la hacienda de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, un 30 de diciembre de 1830.

Desconozco el autor de este poema, pero transcribo un fragmento de él en honor al gran amor del "Hombre de las Dificultades"... Pepita Machado:

Agobiado por jóvenes brillantes,
entra Bolívar en la capital.
La Caracas de corte colonial
que lo recibe con honor triunfante.

Y la linda Josefina Machado.
fina, guapa, radiante, buenamoza,
está muy cerca junto a la carroza,
luciéndole al viajero entusiasmado. 

Es la Pepita, noble, inteligente.
Mira a los ojos del libertador.
Rosa la tez, cubierta de rubor,
y su mirada, por demás, ardiente.

Fue un cálido romance, amor sincero,
que el tiempo se llevó en larga jornada.
Y Josefina, toda engalanada,
sintió rigores del sentir viajero.

Con gracia, con lisonjero,
tan llena de sensuales candideces,
quiere entregar su corazón con creces
y marcha a Bogotá tras del guerrero.

Soplaron otros aires, otros vientos,
y las flechas giraron al poniente,
y se rompió la magia de repente.

¡Fue el ocaso! Quizás otros momentos...


Dibujo contemporáneo de Pepita.

En alguna ocasión paseando por las arenas del la quebrada de la Logia, Pepita en forma premonitoria le dijo estas palabras a su amado 'negrito': "Algún día serás de bronce y tus pies extrañarán el calor de la arena..." Y en sus cartas de ausencia le decía: "Todos los segundos de mi memoria, van sumando las horas de tu recuerdo." Ella fue 'mi mujer'... el amor de la vida del Libertador.





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