domingo, 22 de noviembre de 2015

Poemas fatigados en un Plácido domingo

Tu nombre será... pasado.
Como aquellas hojas muertas,
 tu nombre será... pasado.

Y olvidaste tu promesa como tantas otras,
 ahogadas en el silencio que no es quietud,
palabras que agonizan en una tarde de verano
que esconden en tu alma el látigo del tiempo
borrando la huella perdida de tu presencia
que tendrá que resignarse al olvido en ese
foso intolerable de cansados sueños...

Sin una historia  creíble que contarle al viento
tu nombre será... Pasado, como ilusión perdida
pasión dormida en un anhelo enfermo de vacío,
"felicidad" cautiva como quimera encadenada...

Desprovistas de esas memorias usadas sobre
el sendero frío en donde se perdió tu promesa
que jamás pretendiste cumplir, veré tu partida
y por eso tu  nombre será... pasado.

                                                       
                                      Un trago a secas

Y te bebiste el trago del cansancio
al compás de las canciones viejas
melodías que se enredaron en tus
ignotos espacios de locuras rotas
trayendo recuerdos de amores idos.

Mujeres ausentes que soñaron con
la magia de sensuales besos
nostalgias y tristezas en un largo
lamento de suspiros ahogados en
el cansancio de siglos retorcidos.

Con dolores continuados y segados
te bebiste el trago del dolor a secas
sin pensar en amaneceres nuevos
 frías noches huérfanas y desvalidas.

Y silenciosamente apuraste el otro
trago para olvidar el  maldito destino,
las derrotas continuadas y los anhelos.


Fuga de amor...

Tallado en lejanías
La oscura claridad
De esa luna llena
De un estío tibio
La vio partir de su
Trasegar terreno y
Desde la memoria vacía
De tus delicadas manos
La nostalgia de tu aroma
Busco y busco la mirada
Que me dejo tu nombre
En aquel otoño gris que
Se perdió en la noche y
La tristeza de ver que con
Tu vida se fugaron todos
Mis versos de amor...



El olvido.

Mis silencios embriagados de tu vida
serán una sombra que se confunde con la noche
que se convirtió en lánguidos recuerdos
como esa luz que se fugó de tu mirada
y se disolvió en el aire de tus quedados pasos.

Entonces sabré que de verdad he muerto
y besaré sutilmente tu bella piel
simplemente como si fuera un pensamiento,
y ya no estaré aquí con mis cansados versos
para cantarlos al oído de tu tristeza ingenua.


Un abrazo que aunque fatigado, es sincero.

Hortensio.