domingo, 28 de marzo de 2021

Entrevista a un Anarquista Utópico.

Mas vale una verdad que duela
que una mentira que ilusiona.
Anónimo.


Hortensio Farwel.
Y me preguntó una pasante de periodismo que cuantos años tenía y una sonrisa asomó a la comisura de mi boca, recuerdo: Sólo se que nací una mañana antes del medio día, a las 11 me contó mamá y hace tanto tiempo que de verdad no recuerdo mi edad. Y le diré adelantándome a más preguntas: El tiempo me fue arrastrando por esos inciertos caminos que la vida me fue dando, azar, deseos y sensaciones, locuras de amor, reencuentros y abrazos efímeros, traiciones y desamor. He mentido tanto que ya no se distinguir la verdad, digo... en el caso que ella exista.

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Siempre supe remontar mis graves fatalidades sin perder mi "buen humor" que no es otra cosa que puro pesimismo inteligente en donde todo brilla por su ausencia menos mi amor por la literatura, soy tierno de corazón, eso sí. Mis hábitos han sido mi locura por los recuerdos y la búsqueda de imposibles como un eterno reto de rebeldía y pasión. No me importa la muerte pues es un destino cercano al que no puedo escapar.

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Superé casi siempre a la razón con sentimientos y afectos sin medida por el que corren ríos de angustias y dolor que siento como escapan de éste cuerpo en donde la mente no ocupa el mismo lugar en ese espacio difuso de ironías sin limites ni perjuicios, es como un olor a epifanía permanente en palabras regaladas que marcan mi derrotero vital... pues lo que el tiempo te quita no podrá jamás volver.
                           
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Y ya para terminar ésta fugaz entrevista a un anarquista utópico, le diré: Que soy un especialista de la equivocación y del error; soy que duda cabe, un maldito nihilista que respira ilusiones y deseos que se van muriendo en la nada y reitero de convicción que, seguiré cometiendo errores con pasión para no aprender de ellos y no sentirme cadáver, solo así podré abrazar mi historia sin temor y tomando lo que pueda de lo que me ha sido dado.

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Viví dándome el pequeño lujo de nunca esperar nada de nadie y caminar sin prisa por la vida. Pero también quiero reconocer que seguí siempre por el abrupto atajo y satisfactorio espacio que me dieron mis propios ideales, miro hacia atrás el sendero recorrido y no puedo evitar que ésta sonrisa asome a la comisura de mi boca. Disculpas rendidas y un montón de gracias por escucharme.

Hortensio.