sábado, 25 de febrero de 2012

Un Jesucristo diferente


Quiero compartir con Ustedes, estimados lectores, uno de los más bellos y sentidos poemas en prosa sobre la siempre y cuestionada figura humana, de hombre, de Jesús el Nazareno quien se llamó a sí mismo el hijo de Dios, siendo la persona humana más humana que se ha descrito, incluso por sus secuaces y seguidores del tan mentado "mensaje" de amor y que el creador del movimiento nadaísta, el fantástico, trágico y siempre recordado Gonzalo Arango, intituló UN CRISTO PARA LA NUEVA OLA...oigámoslo:



            Se llamaba Jesús, y era tan soñador como cualquier poeta.
            Tan amante de La Magdalena y de las mujeres.
            Tan tierno con los niños que les prometió el Reino de su Amor.
            Tan compasivo con los leprosos, ciegos y paralítícos, que los curaba con su magia.
            Tan milagrero en Betania que resucitó a Lázaro para ganarse la admiración y el corazón de Marta.
            Tan bohemio y gozador en las bodas de Canaan.
            Tan vagabundo por los valles floridos del Cedrón.
            Tan triste y pensativo en el Huerto de los Olivos.
            Tan purificado de teorías y racionalismos amargos de la cleresía de su tiempo, que se bañaba desnudo con el Bautista en las límpidas aguas del jordán.
            Tan aventurero que se perdió en el Desierto de Judea para aquilatar su espíritu en la sed y el sufrimiento, y preparar su carne para el martirio.
            Tan místico que se exilió en las cumbres del Asia para aprender los secretos de los anacoretas,y dialogar con su Espíritu en la soledad.
            Tan sibarita que se hacía lavar los pies con sándalos, perfumes, y los besos tibios de su amante.
            Tan idealista que marchó a la conquista del poder montado en un burro, alegando la dialéctica del amor.
            Tan humilde que despreció a Pilatos con su silencio, y esta fue su victoria sobre el opresor.
            Tan revolucionario que no se armó contra el Imperio con armas y razones, sino con las almas oprimidas de su pueblo.  
            Tan inocente que creyó en la nobleza y el coraje de las muchedumbres.
            Tan político que se hizo pasar por Dios para demostrar su fe terrible en su destino de Redentor, y así ellos tuvieron fe en sí mismos.
            Tan rebelde que renegó de su madre, que era una vieja ordinaria que le decía "vago" por que no le ayudaba a Don Jose a frabricar banquetas y ataúdes para aliñar la sopa, y por  eso lo hechó de la casa. 
            Tan cósmico que no quiso elegir ninguna patria, sino un cielo arcano y misterioso.
            Tan intemporal que escribió sus sueños en las arenas del Getsemaní, sobre las espumas del Mar Muerto, y en los ojos celestes de Magdalena, por donde vio salir el sol de los venados que habían probado 
la yerba loca del deseo, y enloquecieron.
            Tan manso que no opuso resistencia cuando la policía del,déspota y el sacerdote lo capturaron por sospechoso y turbador del orden público.
            Tan colérico cuando defendió el Templo del Espíritu contra la chusma de cacharrereos.
            Tan narcisista que no dudó ante la alternativa  shakesperiana de Ser o no Ser, y fundó con su frase Yo Soy El que Soy, la más genial Egolatría.
            Tan viril que en su agonía no lloró lágrimas, sino sangre.
            Tan  desamparado que en el momento de expirar no tuvo fe, ni siquiera en su fe.

Tengo que hacer un alto en esta, que yo impunemente he llamado la primera parte de éste extenso poema que más adelante y en otra entrega les daré a conocer, por ahora solo quiero abrir y sembrar,  al que le haya gustado, una breve expectativa de su desenlace que es igual o más bello y humano que esta que has leido...hasta dentro de un rato.