domingo, 11 de diciembre de 2016

La envidia


Quien no es envidioso,
no es digno de serlo.
Esquilo de Eleusis (525- 456 a.C).

En los campos ajenos, la cosecha
 siempre es más abundante.
Ovidio (43 a.C. 17) Poeta latino.


La envidia... oleo de Ignacio Diaz Olano.
No creo en pecados solo en emociones mal llevadas y una de ella es en el mundo el 'deporte preferido' nada menos que la envidia una de las emociones mas complejas del ser humano; se ha definido como "el deseo de lo ajeno" es el completo desajuste emocional moralmente inaceptable... Borges decía que era como una herencia de los españoles que a todo le dicen: "es envidiable" y se podría decir que "es envidia de la buena" "No es que te compare con otro"; pero no es sólo de los españoles, es universal y consustancial al ser humano ya que es una emoción natural como todas las emociones... el gran educador español don Miguel de Unamuno, decía: "la envidia es mil veces más terrible que el hambre porque es hambre espiritual".

Pero puede alguien defender a esa espúrea emoción... ya lo decía Arthur Shopenhauer, como buen misántropo: "Nadie es realmente digno de la envidia" y el comediógrafo francés Moliére: "El envidioso puede morir, pero la envidia nunca"; y algo que es casi una verdad 'de a puño' del dicho de Federico Nietzsche: "Nadie es feliz si no tiene quien lo envidie", pues sí es axiomático, que sería de aquel que hace mérito, para satisfacción personal nada más?, no lo creo... lo hace para provocar envidia en todas sus dimensiones, mil ejemplos podríamos dar para desvirtuar la modestia que solo pueden experimentar los santos y los locos... lo demás es falsa modestia, desde luego.  

Luca Signorelli, fragmento 1499-1502.
Capilla de San Brizio, Duomo, Orvieto.
La envidia de Caín, mordiéndose la mano.
Y como uno no está conforme con lo que se tiene se experimenta este sentimiento 'innoble' que todos en alguna oportunidad de nuestras vidas la hemos sentido por querer poseer lo que tienen los otros y no es un mal de pocos, todos los seres humanos la hemos experimentado, muchas veces más de ellas, no es que se desee mejorar la posición actual sino que el deseo es que al objeto o sujeto envidiado le vaya peor... ¿y entonces? Ocultar la envidia es el camino pues aceptarla sería admitir la carencia de lo envidiado, además que la envidia siempre es socialmente mal aceptada y tiene muy mala reputación.

Ahora, es cierto que el envidioso siempre desprecia las cualidades de su envidiado, lo 'pordebajea', lo ataca, lo denigra, obviamente lo calumnia e injuria directamente o por intermedio de testaferros,
Envidioso yo...?
como si se tratara de cualquier delincuente de poca monta... y tampoco aceptan un menor grado de comparación, como lo dijese Napoleón: la envidia es una manifiesta aceptación de inferioridad.

Jamás el envidioso lo contemplará así, nunca podrá aceptar ese estado... hasta donde puede llegar Caín, ¿al asesinato de su propio hermano? ese odio es imperdonable pues proviene de una figura muy cercana o que lo fue y ese poder de maldad, puede destruir y hacer cosas impropias como le sucedió al pobre de Abel o hacer perder un gran logro como única salida para ¿quedar tranquilo...?. Parodiando a Khalil Gibrán: "En el siniestro silencio de todo envidioso su alma está llena de ruidos extraños". Es el reflejo de su propia nausea, repugnancia y destructibilidad, de por sí, jamás podrá tener una razón cierta para encontrarse con LA PAZ.

Hay que tener en la cuenta que para el cristianismo es uno de los 7 pecados capitales y uno de los más graves pues éste da origen a otros muchos pecados Para terminar ésta entrada, un muy famoso cuento anónimo sobre la envidia...
Se cuenta que en una pequeña ciudad vivía un hombre muy envidioso, siempre le pedía a Dios que le diera una buena casa un muy buen carro y un inmejorable negocio; un día Dios se le apareció y le dijo: "Hijo mio, ¿donde quieres la casa?, ¿qué carro quieres? y ¿qué negocio te gustaría tener?" El hombre envidioso se sintió muy contento y hasta feliz, mientras pensaba todo aquello y que pedirle a Dios, éste le dijo: "Has de saber algo, a tu vecino le daré el doble que a tí".

Cuando el hombre envidioso escucho ésto se sintió terriblemente mal y pensó, "¿dos casas para mi vecino, dos carros y dos negocios?" Esto le generó tanta rabia, amargura y frustración que no pudo disimular su contrariedad y no le pudo responder a Dios. Al verlo en éste estado le dijo: "Piénsalo bien, mañana regreso por tu respuesta." Al día siguiente volvió Dios... "¿qué decidiste, hijo mio? y el hombre envidioso con total resolución le contestó: "Señor, he tomado una decisión... ¡Quiero que me hagas tuerto!
Retrato de un hombre tuerto...
por Vincent van Gogh.

El infeliz envidioso creyó que si quedaba tuerto Dios dejaría ciego a su odiado vecino, pues le daría el doble... en castigo por su pecado de envidia lo dejo tuerto, el vecino ni se enteró de lo que había pasado y siguió normal. Esta es la envidia, preferimos destruirnos a nosotros mismos, con tal de poder destruir a su ser odiado y a los demás.

Un envidiable día...

Hortensio