domingo, 30 de octubre de 2016

Voy con èsta... dijo el misàntropo.

En éste último Plácido domingo de octubre, alguien tuvo la idiota idea de decirle al resentido, que cómo era su vida y El contestó con una dulce diatriba, diciendo... 'Voy con èsta': Sólo desde el abismo del alma se puede comprender que soy un hijo de ésta época de azarosa, acanallada y vulgar existencia... hijo maldito de la historia, sin un objetivo cierto; desarraigado, hastiado y decepcionado pero que sin proponérmelo he tratado de mantener un cierto y estúpido humor negro cuando me río de mi muy precaria fortuna y de mi infierno personal, vacío y delicioso, con ese agrio olor a nada que despide éste paisaje urbano mal oliente y mortecino en donde me tocó vivir; allí subsisto como un puto misántropo resentido (muy valida la redundancia, me gustó).


Sí, he sido un ermitaño de imposturas y mentiras, cierra puertas y tumba puentes, con un gusto absurdo por esa asquerosa miseria que permanentemente me envuelve, creo ser psicópata irredimible de imaginaciones perdidas, y aveces tengo ratitos de barata felicidad que me los tatúo en el culo para no olvidarlos (así de escasos son) y lo poco de sensato que me queda viene de la oscuridad de mi mente dispersa en fuegos fatuos.

He tratado de dar "amor" pero no me lo reciben... qué será ¿mi mal aspecto empobrecido que huele a gitano? o ¿mi ácida personalidad incomprendida por toda ésta ralea de burdèganos que siempre tratan de huir de mí? no lo sé ni me importa, sin amor se vive mejor pues ni jodo ni me joden. Pero aunque no me lo crea (y yo tampoco) soy un amante tímido de la belleza que se hace mujer. Por eso, mi querida, loca y chismosa periodista, se que soy un vergonzante iconoclasta odiador de símbolos...

Pero no todo es tan malo, mire que me gusta mucho manosear frases clandestinas y soy un paria estudiante primíparo y permanente de libros encriptados; fuera de eso, he sabido contener mi desaforada parafilia de ser un desgraciado pirómano de bosques humanos... contenido muy contenido. Consejero de oráculos paganos y oidor de conciertos de agonías, perdido en rutinas nauseabundas y abandonado de las costumbres sanas y melancólicas. Vivo herido y cargado con las llagas del pasado que no cicatrizan por mi asco y mi resentimiento hacia la humanidad.
El resentido... gangrenado de odios.
¿Còmo pudo subsistir?
Me gusta el ajedrez y siempre trato de moverme a la izquierda de todo, la siniestra es más confiable  
en éste aberrante ir y venir sin sentido camino al muladar de la fosa, pues el tedio que carcome todo entusiasmo por subsistir nos lleva indefectiblemente a una inercia viciosa que todo lo desencaja y todo destruye. Sí, soy un desadaptado social de eso no me queda la más mínima duda y mi pluma siempre será inclaudicable y en una prosapia de sangre seré proscrito por esa justicia amañada que "solo muerde a los de ruana" (que bello y qué cierto) Sal corrompida en concesiones mezquinas de instantes gangrenados de odios. Sí, en definitiva todo un hijo de pu... pueblo que he luchado en el olvido mirando siempre para el otro lado para no vomitar mi desprecio.

Pero claro que la vida me ha pegado muy duro no solo en mis huesos y mi carne, sino en el alma que insoslayablemente se ha mantenido aterida a esos ecos lejanos que me tienen a flote en esta soledad, este es el peaje que debo pagar por ser fatalista como casi todos los que se consideran misántropos y resentidos... un cabrón me dijo una tarde: ¡mediocre! y no le creí pues ningún caminador de medianías  pude insultar al mundo sin filtros o con tan siquiera  una fina sátira como yo lo hago, y me confundió pues nunca fui ornado con ninguna 'distinciòn burguesa' solo encontré patadas en el culo... pero, ¿mediocre? ¡jamàs! (eso quiero creer).

Thanatos, 'al que jamás se espera'.
Terrible e implacable, ante El
sólo cabe la resignación.

Permiteme concluir diciendo que es triste y hasta absurdo pensar que un solo acto pueda definir toda una vida, eso me pasó a mí ¡no es justo!, por eso sé que la eternidad se detendrá trémulamente para darme un empujoncito antes de que la muerte asome su cara bella, inasible y perfecta...

Final de la entrevista. Silencio que corta. Un ¡gracias! sin palabras. Hasta nunca...