domingo, 24 de abril de 2016

La piadosa muerte...


No sé en qué momento, mi vida se enamoró de la muerte,
solo espero tomar su mano y saber de ese incierto instante
para unirme a mi nuevo amor...

Farwel. 


A raíz de la muerte temprana de mi cuñado, me quedó algún tiempo para recapacitar sobre lo que siempre he llamado "La piadosa muerte" y de estas disquisiciones tomé, para la entrada de éste Plácido domingo, algunas que me parecen importantes, porque en algún momento de nuestras vidas o de las de nuestros 'seres queridos' las podremos pasar o desde luego, como en mi caso, he pasado.

La piadosa muerte... no se puede frustrar.
Sí, ya lo he vivido... vi 'torturar' - con radioterapia y droga experimental- con sólo 15 años, a mi padre, a manos de médicos oncólogos que por allá en los años 60's estaban en pañales sobre el tratamiento del cáncer siempre terminal... y así sucesivamente a través del paso del tiempo vi a muchos familiares y amigos estar sometidos a esos avatares crueles. Los avances de la medicina, tanto en la prevención como en el tratamiento de las enfermedades terminales, han experimentado un gran avance cientìfico. Dan sin lugar a dudarlo muchas más esperanzas de vida, es verdad, pero también lo es (y aquí voy de la mano de Canal Ramìrez) que se han exagerado indecorosamente esas expectativas por métodos mecánicos muy válidos pero muy cuestionables, por ser indignos para con la persona humana y éste es el tema...

Se trata de no frustrar la muerte. Y esto es de mediana cultura. Sabemos hasta la saciedad que la muerte es un fenómeno natural y la Naturaleza, ni es mezquina ni mucho menos masoquista; las compensaciones de la Madre Naturaleza son oportunas y es por ello que hemos podido vivir muchos más años ante la expectativa de vida de cada uno de nosotros, y se preguntaba Cicerón: "Cuando estamos saciados de la vida, ¿qué importa la muerte?

La Naturaleza ayuda a morir como ayuda a todo. Basta con no oponernos, con aceptar la ayuda que aparece siempre en forma puntual y oportuna. Un gran científico cansado de luchar contra su "linfosarcoma no Hodgkin" y de enmascarar sus desgraciados dolores con la dulce 'morfina', un día gritó: "No frustren mi muerte, no sean canallas" pero su enamorada mujer no pensaba igual y creía en que algún dios (aliado capitalista de los galenos dueños de los morideros) le haría el milagrito de curarlo... casos se han visto. Es anti-Natura y muy grave frustrar una muerte, entendidos estos términos en el sentido de alargar inútilmente esa tortura por unos días más y mèdicamente se puede, pero sin ninguna posibilidad de curar o sanar.

Solo espero tomar su mano...
Esa barrera artificial para detener la muerte es cruel, es absurda y es denigrante, pues impide a la Naturaleza actuar. Ilusión malsana para sus deudos y lucro espurio para los médicos que disfrazan su falta de ética con la boba esperanza del milagrito que le dan a los deudos... después viene la consabida cuenta de cobro. Dichosos los pobres e indigentes que si los dejan morir tranquilos, ya sabemos el porqué...

Es infame (es la palabra justa) ver a un condenado a muerte y sin remedio, en este escenario del asqueroso "capitalismo salvaje" - qué sentido tiene- verlo 'encadenado' literalmente hablando a una máquina que le proporciona estimulación mecánica y artificial de oxígeno y químicos, asaeteados de inyecciones, catéteres y tubos, sondas, drenajes y cuanto instrumento de tortura tengan a su disposición para tenerlos con vida... ¡Un día más...! Una digna imagen del martirio que se llevaran para el recuerdo, quienes con amor tienen con qué pagar. ¿Para qué? eso es puro y fatuto egoísmo de los sobrevivientes contra el moribundo... ¡infames unos y otros! buscando lo irreparable, lo irremediable.

Contra el aplazamiento artificial de la muerte ya hay en el mundo un movimiento, el de "morir dignamente" el de dejar obrar a la Naturaleza, sin anticipos pero sin retardos, sin desconocer que la misma eutanasia, es un anticipo artificial de la muerte. Hay que ser partidarios de la nueva corriente médica de la "terapia de la muerte" que encabezó el médico humanista L. Shwsrtzemberg y que propone en su libro "Changer la mort"... preparar al enfermo terminal y para auxiliar a La Naturaleza, para que la persona pueda morir a tiempo. "La angustia del moribundo no es tanto saber que va a morir, sino la incertidumbre." Y esa terapia de la muerte se debe imponer cuando la terapia de la vida no tiene razón de ser.

La muerte es un destino común no una amenaza en contra suya... nada personal, solo que es la "Gran Resignación" y nadie pero nadie ha escapado a ella y sin creerse eterno, podemos solo aplazarla, cuidando la vida. La medicina no puede impedir la muerte y eso es categórico. Y por creerlo humano y digno desde éste mi blog, autorizo y exijo, si es del caso, que no frustren mi muerte con artificios médicos. Amo la vida, hasta donde pueda vivirla bien, de ahí en adelante amaré a la muerte y muy bienvenida será.

Un abrazo lleno de vida...

Hortensio.

 
Sin palabras...

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