Y le pregunte a don Juan de Castellanos*: ¿Por qué las calles de mi Tunja están desiertas, tan solas si todavía no es de noche y no ha oscurecido?...: "Recuerda que son las 6 y media de esta tarde tan bella que va muriendo y el frió de San Lázaro ya es insoportable, es la hora en que ese viento en un halo brusco, busca y reclama sobre la ciudad el silencio para el poder cantar su fría canción; siempre habrá un suspiro que brotará desde un balcón que se convierte en susurro de amor y al cerrarlo nuestra ciudad empieza a oler a chocolate y arepa, pan recién horneado y queso; y ese frío que trae el viento de San Lázaro se torna más feroz porque no lo invitan a entrar en sus tibios y queridos lares.
Don Juan de Castellanos Alanís 1522/ Tunja 1607 |
Agradece hijo, que en este momento mágico del ocaso con el que llegó otra noche de paz, estés junto a mi para encender las velas del hogar y a las 6 y media del atardecer y añorando un nuevo día, en esas calles no hay nadie ni nada, solo jirones de tiempo ido en una estancia sin lugares a los que tener que partir... Por eso las calles de nuestra adorada Tunja, están desiertas.
De un sueño de Hortensio Farwel
Santiago de Tunja, en el día del Señor del 24 de abril de 1.598
* Juan de Castellanos, vivió sus últimos 45 años en Tunja, ciudad a la que engrandeció y amó y en la que sus huesos descansan en La Catedral de la que fué 'Beneficiado' por real provisión de Felipe II y que el mismo construyó. En esos años y con la 'quietud de la colonia' escribió su monumental y titánica obra "Elegías de varones ilustres de Indias" con 113.609 versos endecasílabos agrupados en octavas reales (el más extenso en lengua española) y que se publicó en 1589.
La casa de los portales
Este andaluz, don Juan de Castellanos,
aventurero de marcial talante,
trocó rodela y espadín y guante
por hisopo y el altar cristianos.
Y, entre las piedras y el dolor tunjanos,
distrajo el ocio de su vida orante
en diseñar el cuadro delirante
de la conquista, en versos castellanos.
Por evocar a su Alanís lejana,
con sus huertos, olivos y trigales
y como efluvio de su "voz anciana",
labró para consuelo de su ocaso,
en sedeña nostalgia los portales,
como un madrigal de Garcilaso.
Soneto del boyacence, Rafael Azula Barrera.
Hortensio.
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