domingo, 5 de octubre de 2014

Diógenes de Sinope y sus anédotas.


Dicen que lo nacieron por allá en el 412 a.C. y sus días acabaron 86 años después, camino de Corinto...
Cuanto más conozco a la gente,
más quiero a mi perro.

Y aunque era lo suficientemente conocido en Corinto, Esparta y Atenas en donde vivió la mayor parte de su existencia, su apasionante vida y su fama en Grecia y el mundo antiguo, llegó de la mano de Alejandro de Macedonia, a quien su maestro Aristóteles, le contó un encuentro con su padre y se lo había referenciado al contarle de la existencia de la 'Escuela de los Cínicos' en Atenas y de un personaje muy peculiar que vivía en un barril (un tonel viejo y grande donde se añejaba vino), llamado Diógenes de Sinope.

Como era de esperarse, cuando Alejandro llegó a Corinto, supo que Diógenes estaba por esos lares, lo primero que hizo fue localizarlo  y lo encontró en una calle fuera, en el pórtico de la casa de su único amigo Xeniades sentado tomando el sol, el monarca macedonio se le presento: -"Señor mío ¡yo soy Alejandro Príncipe de Macedonia...! y yo, le contesto el 'cínico' ¡soy un perro al que llaman Diógenes...! Alejandro quien tenía antecedentes del filósofo siguió careándolo... "estaría encantado de hacer por Usted cualquier cosa que esté a mi mano" a lo que el filósofo con gran indiferencia le contestó: "Gracias... apártate que me tapas el sol." Según sigue la anécdota, algunos de sus generales se rieron de la contundente respuesta de Diógenes por no aprovechar la ocasión y de ver la cara de asombro de Alejandro, quien les reprocho sus burlas diciendo: -"De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes." Este lo miró y asomó a su sonrisa desdentada dos colmillos en aceptación de lo dicho y agregó: "Gracias joven por no quitarme aquello que de otra forma jamás me podrás dar". Más tarde, días después lo encontró mirando un montón de huesos humanos, Alejandro le pregunta qué miras con tanto interés... el 'cínico' le contesta: "estoy buscando los huesos de tu padre pero no los diferencio de los de los esclavos" - "¿acaso conociste a mi padre?" - "Nó, el tuvo el honor de conocer a un filósofo". Alejandro conocía la anécdota del encuentro de Diógenes con Filipo de Macedonia, quedó maravillado de haber también conocido a Diógenes. El rey lo invitó a que lo siguiera como su consejero pero ya estaba viejo para esos 'trotes' se despidió con una estruendosa carcajada y una palmada en su joroba con gran respeto y lo dejó tranquilo... aunque preguntaba por Él y sus anécdotas jamás lo volvió a ver.

El encuentro de Diógenes con Filipo, fue el siguiente: una patrulla encontró al maestro y lo capturó por un camino cerca de Queronea y fue presentado al rey quien le preguntó: ¿Quién eres? el 'cínico' le contestó: "Soy el espía de su insaciable codicia" Filipo con esa respuesta reconoció al filósofo y le indicó dónde se hallaba Aristóteles a quien había ido a saludar.

Pero ¿porqué se encontraba en Corinto? es una historia larga que la resumo así: Como se sabe Diógenes había nacido en Sinope ciudad griega que quedaba en lo que hoy es Turquía, allí por su forma de ser -transgresor, irónico, altanero, displicente, ofensivo y peleador- fue expulsado con su padre por alterar monedas por sus enemigos, ya en las afueras de la ciudad les gritó: "¡Ustedes me condenan a irme... yo los condeno a quedarse! soy ciudadano del mundo".

En un viaje por mar a Egina, fue atacado y hecho preso por piratas que lo vendieron en Creta; al verlo tan flaco, calvo y medio jorobado sólo cabían tres preguntas: "Usted que sabe hacer, para qué sirve, cuál es su arte" contestaba: "mandar", sus amos le daban latigazos por 'altanero'. Cupo la fortuna de que por ese entonces estaba en la isla Xeniades de Corinto a quien llamó la atención y a el respondió a la lógica pregunta: "Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo" de inmediato lo compró y le dio la libertad sin saber que se trataba del filósofo Diógenes, entablo una gran amistad con su salvador y mecenas quien lo nombró tutor de sus dos hijos; la casa de Xeniades, fue su hogar hasta su muerte.

En Atenas conoció a su maestro a Antístenes quien lo corrió a palo de su gimnasio del Cinosargo (El perro blanco) y el insistía todos los días, hasta que el 'perro mayor' como le decían al filósofo,  blandiendo su bastón le pregunta: ¿Por qué insistes...? y Diógenes le contestó ofreciendo su cabeza: "Golpea, pues no encontrarás madera tan dura que sea capaz de hacerme desistir de mi empeño en lograr que me digas algo como creo que debes hacer". Conocemos a la escuela de los cínicos no tanto por el maestro como por su discípulo.
Su tocayo Diógenes Laercio, recopiló sus anécdotas
 y nos las lego para la posteridad.
Las 'locuras' como le decían sus contemporáneos a sus actos (Platón decía que era un Sócrates que se había vuelto loco) y su reputación de 'cínico' no era inmerecida... no por nada hoy en día la palabra 'cínico' tiene esa connotación y significado. Un día un panadero de la isla de Eubea le preguntó al filósofo: -"¿En qué lugar de Gracia hay hombres dignos? a lo que le contestó: "Hombres, en ninguna parte, muchachos guapos, en Esparta".

Y solía salir por Atenas con una linterna prendida a plena luz del día, preguntado por ello, contestaba que "estoy buscando a un hombre honrado". Otro día apareció en medio del 'Ágora' dando gritos repetidos: "¿No hay hombres honrados en Atenas? Cuando acudieron algunos, blandió su bastón contra ellos y los ahuyentó con éste otro alarido: "¡He dicho hombres, no desperdicios!".

En una ocasión sabiendo que había un banquete de jóvenes se presentó Diógenes con media barba afeitada diciendo: "yo también soy imberbe (siempre se colaba donde había comida y vino) salió molido a  palos. Pero Diógenes era Diógenes y no perdonaba, escribió en una tablilla blanca los nombres de los jóvenes que lo sacaron a palo de la fiesta y se la colgó al cuello y se paseaba por el 'Ágora' hasta que les hizo pagar con creces la afrenta que había recibido y exponiéndolos a la censura, al escarnio y al desprecio público. Uno de aquellos muchachos no aguanto el desprecio de sus conciudadanos y le pidió disculpas: "Diógenes, te pido perdón", el 'cínico' blandiendo su bastón le preguntó: -"¿Cuál eres tú? señalando la tablilla... ¡anda, ven, cobarde y borra tu mismo tu nombre" como es obvio no se le volvió a arrimar.

Otro día lo invitaron a un banquete con el fin de burlarse de él, cuando todos habían terminado de comer comenzaron a arrojarle huesos como si se tratara de un perro. Diógenes se les plantó enfrente y comenzó a orinarlos encima, tal como lo hubiese hecho un perro. En otra ocasión que estaba comiendo en el Ágora empezaron unos jóvenes a gritarle 'perro'... les contestó: "perros vosotros, que me rondáis mientras como".

Era subversivo ante lo pudoroso, se cuenta que una tarde lo encontraron a la entrada del Ágora masturbándose, ante el estupor de muchos le preguntaban por qué lo hacía, a lo que contestó:"Ojalá frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de manera tan dócil". Al verlo así un aprendiz de filósofo le increpó: - ¿Es eso filosofía? dices que eres filósofo y ¡no sabes nada! Diógenes dejó sus manoseos y le contestó: "Yo sólo aspiro a saber, y eso es justamente la filosofía". Y para ti que es la sabiduría? al ver que tenía mucha audiencia le contestó al aprendiz: "Es algo que sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos" aplausos...

En alguna ocasión Aristipo, ministro del rey encontró a Diógenes comiendo lentejas
 en un pórtico le dijo: ¡Ay, Diógenes! si aprendieses a ser más sumiso y adular más
 al rey, no tendrías que comer tantas lentejas. Diógenes le contestó; " ¡Ay Aristipo!
si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que ser tan sumiso ni adular tanto al rey.
Murió Diógenes el Sinopeo, en el año 323 a.C. en Corinto, el mismo día en que falleciera ALEJANDRO, su más grande admirador, debido a una grave intoxicación al comer un pulpo, sus admiradores le erigieron un monumento... una columna de mármol que sostenía un perro sentado, por única leyenda en  el pedestal se leía DIÓGENES.

Un cínico pero sincero abrazo.

Hortensio.

2 comentarios:

  1. Diógenes es el más grande ser humano que pisó este planeta.

    Abrazo!

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