lunes, 10 de junio de 2013

El billete de cinco mil pesos


       
          "Puestos a elegir uno de los muchos sarcasmos con que el destino se mofa de nosotros, me quedo con el caso de José Asunción Silva. A éste insigne poeta sólo le quedaban, de su en otro tiempo boyante patrimonio, diez pesos en la cartera antes de pegarse un tiro en el corazón (un médico le pinto el lugar exacto de ésta visera para que no fallara) allá por el año de 1.896; y ahora son miles de billetes que llevan su efigie impresa por todos los rincones de Colombia". Así escribía sobre ésta paradoja del destino el escritor español Mario Pérez Antolín, que de verdad me hizo reflexionar, con billete en mano, sobre lo hermoso del arte impreso en el papel moneda y la más triste enfermedad de que el hombre puede padecer... la melancolía.


         Fue el maestro diseñador Juan Cárdenas, ferviente admirador de la vida y obra del poeta, que inspirado en el poema que llamo Silva, 'Nocturno' estampó, en el arte del billete de cinco mil pesos, el rostro del bardo de una fotografía tomada por aquellos días de finales del siglo XIX y que sin duda es uno de sus mayores logros artísticos, hermoso en sus detalles es en mi sencillo concepto una "pequeña" y bella obra de arte contemporáneo del maestro Cárdenas y que fuera emitido, por encargo del Banco de la República, en conmemoración del centenario de la muerte del poeta de 31 años acaecida "en la vieja y mezquina Santafé de Bogotá, esa aldea triste y sombría a la que Silva llamó alguna vez irónicamente 'La culta capital' el 23 de mayo de 1.896, pasada la media noche, en que "Le puso fin al poema de su melancolía". 

         Es un paisaje urbano de estilo modernista en el que Cárdenas recrea como escenario el tercer 'Nocturno', en el reverso del billete, un espacio solitario que recoge toda la ficción y la atmósfera del poema y que involucra elementos concretos que aparecen mencionados allí como la rana y la luciérnaga... la escena que tiene lugar en un paisaje sabanero en la noche en que una figura de mujer   (Elvira, su hermana muerta unos años antes de pulmonía) muy joven camina en un sendero iluminado por la luz de una enorme luna llena, tal como es narrado en el fragmento que el maestro ha inscrito en el pedestal de la urna y que al final podrán, queridos lectores, admirar y encontrar en el poema que transcribiré.

       También podemos observar en la obra pictórica de Cárdenas dos plumas de ganso que simbolizan las herramientas de trabajo del poeta; es pensándolo bien, la triste fusión del tiempo de Silva, con su recuerdo hecho arte en donde es imprescindible contarles algunos detalles, muy pocos pero relevantes, de aquel triste final de quien fuera el más significativo y extravagante poeta de aquella época de la Bogotá de finales del siglo diecinueve.

Elvira
       Aunque no se le conoció compañera sentimental, "fue su hermana Elvira, su amiga y confidente entrañable, a quien contaba todos sus secretos, y por eso quieren las gentes de alma miserable ver un incesto en ese amor de hermanos". También fue absurdo e injusto su último destino después del suicidio... cuenta Vidales: "Sus funerales consistieron, según la norma impuesta en la época por la Iglesia Católica, en arrojar el cadáver a un muladar. Los suicidas no tenían derecho a la paz del cementerio, reservada exclusivamente a los fieles practicantes del amor, la compasión y la caridad." Como Mozart, desapareció en una asquerosa 'fosa común', por la idiota e infame estupidez del clero católico que se apoyaba en un más tonto 'concordato' con el estado colombiano. Una mancha más en la historia de la estupidez humana. Pero ya es el momento de escuchar al poeta en sus sentidos versos:



NOCTURNO

Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche,
En que ardían en la sombra nupcial y húmedas las luciérnagas fantásticas,
A  mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el más secreto fondo de tus fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada    
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran solo una sombra larga...!

Esta noche
Solo; el alma
llena de infinitas amarguras y agonías a tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y al chirrido de las ranas...

Sentí frío. Era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como esa noche tibia de la muerta primavera,
Como esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Se acercó y se marchó con ella,
Se acercó y se marchó con ella,
Se acercó y se marchó con ella...
¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas...! 


Todos los abrazos y cinco mil más...

Hortensio.





























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