domingo, 12 de mayo de 2019

Día de las Madres...


Dios no podía estar en todos lados 
y por lo tanto, hizo a las madres.
Rudyard Kipling.

Todo lo que soy y espero ser,
se lo debo a mi madre...
Abraham Lincoln.

Julia Ward Howe, la gran pacifista.

H
oy en Colombia como en gran parte de los países de occidente (no se del resto del mundo), se celebra el "Día de las Madres", en nuestro país desde hace muchísimos años "obedeciendo" (por  que los gremios económicos se han propuesto a explotar nuestros sentimientos, manipulando nuestras emociones en un ardid de simple interés comercial) el mandato del imperio que por iniciativa de su presidente Woodrow Wilson, en 1914, proclamó que el segundo domingo de mayo de todos los años, se celebraría el día de las madres. Un "Día de las Madres para promover la paz" y que sea una fiesta nacional y una "expresión pública de nuestro amor y reverencia hacia todas las madres". Es un llamado a la PAZ 

Pero lo que muchísima gente no sabe o no se acuerda, fue la lucha que una mujer atormentada por la 'guerra de secesión' en los Estados Unidos, la abolicionista y poeta Julia Ward Howe (1819-1910) a quien el ejercito le recluto a su esposo y a sus hijos para pelear contra el sur, en un acto de valentía y de rabia, en 1870 se impuso la tarea de imponer la Paz desde la perspectiva de la mujer ya hecha esposa y madre y de forma universal... al ver las atrocidades infames de una guerra fratricida que no tenía una justificación lógica ni justa, lanzó la ya inmortal y famosa proclama llamada hoy 'del día de las Madres'. Esta es en todo su valor histórico lo que proclamó y que en nuestra Patria hoy cobra un valor inusitado, pues pareciera que estamos como es esas épocas por la que transitó Ella, en el país de los "gringos".
La Madre.

 ¡Oigámosla!:

          "¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántese todas las que
          tienen corazones, ya sea su bautismo de agua o de lágrimas!
          Digan con firmeza: "No permitiremos que grandes asuntos
          sean decididos por agencias irrelevante. Nuestros maridos no
          regresarán a nosotras apestando a matanzas, en busca de
          caricias y aplausos.

          No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo
          que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la
          compasión y la paciencia. Nosotras, mujeres de un país,
          tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país
          para permitir que nuestros hijos se entrenen para herir a
          los suyos.

          Desde el seno de la tierra devastada, una voz se alza con la
          nuestra. Dice '¡Desarma! ¡Desarma!' La espada del asesinato no
          es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni
          la violencia es señal de posesión.

          Así como los hombres a menudo han dejado el arado y el yunque
          por el llamamiento a la guerra, que las mujeres ya dejen todo
          lo que queda de su hogar para un día grande y serio de consejo.
          Que se reúnan primeramente, como mujeres, para conmemorar y
          llorar por los muertos. Que se aconsejen solemnemente de la
          manera en que la gran familia humana pueda vivir en Paz, cada 
          uno llevando en su tiempo la impresión sagrada, no César, sino
          de Dios.

          En nombre de la maternidad y la humanidad, les pido
          solemnemente que sea designado un congreso general de
          mujeres, sin importar la nacionalidad, y que se lleve a cabo en 
          algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible,
          para promover la alianza de diferentes nacionalidades, el
          arreglo amistoso de cuestiones internacionales y la gran causa
          universal de la Paz.

La Piedad de Miguel Ángel, en el Vaticano
Por la Paz de todas las Madres de Colombia y del mundo, que sufren como nadie la estupidez de las guerras, un beso y un abrazo de amor filial.

Hortensio.
























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