domingo, 4 de diciembre de 2016

Los celos de Wallada (II)

Hola de nuevo en un Plácido domingo más, con el epílogo de la historia de estos dos "trágicos" amantes... cuando todo era un remanso de amor e ilusiones, aparece en la jugada el vil y envidioso Ibn Abdús, Visir del débil Califa de turno con todo el poder de su intriga... éste estaba también perdidamente enamorado de la princesa pero sabía que no podía competir con el poeta en el corazón de Wallada. Por aquel entonces Ibn Zaydún ya ocupaba una posición destacada en la vida administrativa de Al-Andaluz y por ser de otro linaje era opositor al visir y a la princesa, todo en medio de una violencia política sin precedente en la capital del imperio, lo que no fue óbice para que consolidara su amorosa relación con Wallada.

Pero conocedor del postulado de que en 'la guerra y en el amor todo vale', tramó una infame trampa para hacer caer en desgracia y ante los ojos de su amante, al poeta rival; por aquel entonces la princesa había recibido para su servicio y por recomendación del Visir, a una hermosa esclava negra, una verdadera diosa de ébano que secretamente estaba vinculada y sobornada por el instigador para que espiara a su Señora y lo tuviese informado de sus actividades... una agente doble. 
 Ibn Abdús, invitó a un ágape a varios funcionarios del Sultán, en donde fuera de las fabulosas viandas de sabor árabe, mandó a traer deliciosos vinos del Duero y cuando todo estaba en pleno furor
La esclava...?
Yo también hubiese claudicado.
entraron las bailarinas y odaliscas a completar el cuadro del 'bacanal' y la jornada festiva entró en la noche en donde lo vapores de almizcles deliciosos y el vino 'prohibido' hicieron las delicias de los asistentes. La esclava de Wallada, hermosa como ninguna entró en escena, se dedicó exclusivamente en seducir al poeta quien se dejó envolver por el ambiente, el vino y la hermosura de la esclava y pecando de ingenuo sucumbió y se entregó en los brazos lujuriosos de la 'diosa de ébano'...

 Cuando en ese estado de éxtasis se encontraba el ebrio del poeta, entró en el apartado el visir y algunos amigos de la princesa que hicieron publica la 'supuesta' traición que destrozó a Wallada, dolida en su más profundo orgullo y viendo dañado su gran prestigio por el escándalo en el que se vio involucrado su gran amor y su esclava, no solo no pudo perdonar la traición sino que supo cómo hacerlo. Y aunque en la corte se supo que había sido el Visir Abdús, quien había orquestado la conspiración, la hermosa princesa no escucho disculpas ni mucho menos explicaciones, jamás perdonaría a Zaydún, es más por su fuerte carácter ese amor apasionado que sentía por el poeta se convirtió en odio apasionado. La herida que se abrió en el corazón de Wallada, provocaron estos versos que llegaron a los oídos del desolado poeta:

Si hubieses hacho justicia
al amor que hay entre nosotros
no hubieses amado ni preferido a mi esclava
ni hubieses abandonado la belleza de la rama
cargado de frutos
ni te hubieses inclinado hacia la rama estéril
siendo así que tu sabes que yo soy 
la luna llena en el cielo,
sin embargo, te has enamorado,
por mi desgracia, de Júpiter.

Zaydún, despedazo por el dolor de la perdida hacía lo imposible por obtener el perdón de su princesa:

Desde que estás lejos de mi,
el deseo de verte consume mi corazón
y me hace lanzar torrentes de lágrimas
mis días son ahora negros y
antes, gracias a ti, mis noches eran blancas.

El intrigante y descarado visir, no contento con lo que hizo a la pareja, provocó  la caída de su adversario en Córdoba en donde logro por intrigas y falsedades encarcelarlo, pero logró huir de su prisión y refigiarse en Sevilla , donde gobernaba el temible al- Mu'tadid, quien era de su estirpe, Zeydun pronto se convirtió en uno de sus visires de más confianza y cercano del rey. La princesa dolida como estaba se dejó arrastar hacia la compañía del visir Abdús, al que jamás había dado esperanza de amor; cuando el poeta -visir se enteró de ésta relación le escribió ésta sátira en contra de su odiado enemigo:

¡Oh que noble es Wallada!
Un buen tesoro para quien busca ahorrar.
Pensando en las necesidades del futuro.
¡Ojala distinguiese entre un albéitar y un perfumista!
Me han dicho que Abú Abdús la visita y
Me han contestado: a veces la mariposa busca el fuego. 



La airada poetisa no se hizo esperar para escribir los siguientes versos en contestación a los de Zaydún, que llamó:

                                                         Poema de los siete insultos.

Tienes por apodo el hexágono
y es un calificativo que no abandonaras mientras vivas.
Pues eres, sodomita, degenerado, adúltero, cabrón, cornudo y ladrón.


Ibn Zaydún, a pesar de sus virtudes,
Maldice de mí injustamente y ni tengo culpa alguna;
Me mira de reojo, cuando me acerco a él,
Como si fuese a castrar a su Alí.

***

Medalla con el perfil de poeta.

Zaydún, realizó una excelente labor como visir del rey también poeta al- Mu'tamid,  jamás se caso y desde Sevilla su corazón seguía latiendo en el recuerdo de su siempre amada princesa quien fue su vibrante inspiración poética... el 'eterno enamorado' murió en Sevilla en 1070, habiendo alcanzado los más altos honores del reino, fortuna y poder.

Por su parte Wallada, vivió bajo la protección de Abdús desde que perdiera su fortuna personal, recorrió Al-Andaluz exhibiendo su talento como poetiza, pero siempre regresaba a Córdoba y al palacio del visir, jamás se caso con el y en su desamor sus mejores versos fueron para su eterno amor el poeta Zaydún a quien sobrevivió, al morir a sus 80 años en 1091 los almorávides había llegado a Al-Andaluz para quedarse hasta la caía de Granada en 1492 ante los reyes católicos.

Y uno jamás sabrá si es más fuerte el amor o su antagónico ese que duele y entristece... el desamor, esa fue la historia de éstos dos poetas que perdieran los mejores años de su vida por una efímera traición ambientada en la intriga canalla y el orgullo imbécil...

Un abrazo de "siempre reconciliación".

Hortensio.   








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