domingo, 5 de abril de 2015

La tristeza de Manuelita.

Y ella miraba al 'Libertador' con miedo que se reflejaba en sus bellos ojos, y con esa angustia de quedarse sola me preguntó... ¿Y qué del gran triunfo liberador de naciones? por lo visto la gloria no es cosa muy alegre, pero el olvido tampoco y yo lo quiero en mis entrañas por que sé que no es un amante ingrato... ¡No me deja que lo acompañe en ese, su último viaje! No lo entiendo Hortensio, viejo amigo, ¿Qué hacer...? Yo que lo he visto aturdido de gozo en la victoria y con el alma borracha de gloria y de ruidos en luminosas noches de bailes y alegrías, lo sentí mil veces frío y angustiado cuando se fugaba a los incendiados horizontes de la guerra, hoy se me va y creo que para siempre será, negro presentimiento, ¿Y qué de mí?

'Detrás de cada gran hombre...'

Lo comprendo y lo adivino en el silencio de mi culpa de pagano dolor. ¡Malditos ingratos! Cómo resignarme a vivir sin Él, sin esos hondos suspiros que se refugiaban en mí, buscando el encuentro en los repliegues de su alma triste. A flor de tierra deshojó su vida y su fortuna en busca siempre terca de la libertad de los esclavos y de esos ingratos... lloraba en mi regazo gimiendo una y otra vez de sentirse idiota y utilizado como Cristo y el Quijote, yo solo podía adivinar su pena que nunca escondió, resentimiento noble... ¿Remordimiento?

Y esa interminable e inmensa pena que se apoderó de Él, después de esa ignominia de noche septembrina que invadía ese santuario que era tan nuestro y esa su voz que al hablar le sonaba a cuerda rota al recordar la infamia, lo hacía sollozar y al verlo se me caían las alas del corazón al ver su pequeño cuerpo enfermo y tan fatigado con el rostro caído de dolor... ¡Ay Hortensio! de verdad, no se si podré vivir sin Él y lo perdono porque fue mi más grande amor. Ay de mí, ¿Porqué la vida siempre tiene que terminar en tristezas? Todo se derrumbó con el huracán de la ingratitud y los desencantos.

Me iré muy lejos a una tierra en donde todos los días sean iguales y toda ambición pueda dormir, donde las penas solo busquen las soledades y el lamento del mar, silenciosos ruidos en las noches que me queden por vivir y dentro de esos silencios, mi pena creciendo pero callando a la vez al pensar que esa lejana gloria compartida rueda sin deseos a mis cansados pies... pero, ¿Qué hemos de hacer...? mirar la noche oscura, oscura...oscura y buscar asilo en la hora de mi mala ventura.

La Libertadora del Libertador

Sus bellos ojos estaban posados en mí, pero su mirada, quien sabe donde estaría, me sonrió con una mueca de infinita tristeza que tal vez jamás podré encontrar de nuevo.

- Lo siento, de verdad que lo siento mucho, Manuelita - le beso la mano ofrecida y le dio la espalda, también para siempre, franqueó la puerta con ligereza y abandonó la 'Quinta de Bolivar' entristecido y emprendiendo su camino hacia Tunja, la ciudad que un día 'El Libertador' amo.

Un poeta dijo:
                                  Tal vez murió, pero en mí resucita.
                                   Su luz es paz infinita.
                                   ¡Oh amor eterno el que un instante dura!


Manuelita murió a los 66 años y se despidió de Bolívar cuando contaba 29, se retiró voluntariamente a un pueblito perdido del Perú a la orilla del mar en donde vivió en la más terrible miseria, cuando murió quemaron su rancho y con él, todos los recuerdos que guardaba del Libertador. Qué triste historia!!!!

Con un triste abrazo.

Hortensio
En un sueño de 1.830


































































  




















































































































































































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