domingo, 15 de julio de 2018

La rutina se durmió en mi cama.


Cuando se gasta el tiempo,
la eternidad comienza.
Helen Hunt Jackson.


Hola amig@s, un muy Plácido domingo... hoy, un poema fatigado que Farwel le dedicó a ese ineludible momento que en una vida se vuelve rutinaria por efectos de la senectud y la inmovilidad de los años, la intituló:
solo siento grandes deseos de quedarme dormido...


La rutina se durmió en mi cama.
Y las sospechas se volvieron realidad,
las noches se tornaron frías y vacías
cuando la rutina se durmió en mi cama,
y la mirada se tornó plácida contemplando
el paisaje cotidiano que hace tiempos
brillan de tranquilidad dando certezas de
quietud y confianza y unas ganas incontenidas
de cosechar y cosechar ilusiones tardías.

Las horas se han vuelto quietas y monótonas,
redundantes y molestas, veleidosas y necesarias
ya no saben a nada pero me devoran el alma;
y creo que porque se acabo el ruido que hacía
la vida, ellas dejaron de ser rápidas y fugases...
pero las acaricio y trato que no se me vayan.

Creo que me volví circunstancias de un olvido
indeseado, un cúmulo de errores sostenidos por
el tiempo infame que me ha dejado atrás sin 
asegurarme nada más que el paso imponderado
al abismo de mis años provectos allegados a un
vórtice difuso en medio del caos y la nada. 

Y ya no sé si existo, ya no sé si soy... lo peor
es que sabiéndolo no me importa, solo siento 
grandes deseos de quedarme muy dormido
abrazando mi almohada y a la rutina que se
quedó dormida en mi cama... y me fui bajo
una ilusión condenada al yugo de la muerte.

                                                          Farwel 1986

Un abrazo añorado de retorno.

Hortensio.