Con mi más sentido saludo de fraternidad en este Plácido domingo quiero compartirles la última poesía de la gran
Abigail Sandoval y su nostalgia insuperada, Ella la llamó:
También me voy...
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| Muy triste, pero también me voy. |
Sin haber llegado a mi vida me abandonaste,
fue resignación con olor a cansancio...
supe custodiar en silencio el tiempo de ese
sublime secreto que fue nuestro amor y el vacío
que devora la mirada con que aprendí a mirarte
cuando todo se volvió una vana realidad imposible,
estabas frente a mí y no me veías ¿dónde estaba esa
tu mirada triste? ¿en qué abismo infame se perdía?
Desistí sin haber empezado y tu tristeza me contagió el deseo de huir o morir en una
lucha sin sentido en un inútil y quimérico
desvarío... Numen misterioso y arcano que
me llena de dolor y me consume en la desdicha.
¡Ah! su voz, sí esa voz tan dulce se extinguió
como el suspiro sutil que nadie nunca oyó...
como una sombra que en la oscuridad de una
noche se difuminó.
Entonces, de esos ojos bellos, cerrados a la nada,
brotó una pequeña lágrima que surcó su mejilla y
cayó en mis labios anegando mi mundo sumergido
en mil nostalgias perdidas en la vorágine cruel de
mis recuerdos; y en medio de sus precarias rutinas
y experiencias a cuesta con sus agobiantes penas y
divagaciones, lo vi partir esa mañana, no lo despedí ni lo quise detener...
Más bien no lo pude hacer ahí porque su silencio me
envolvió en una espesa niebla que cubrió ese
laberinto sin salida en que se había convertido mi vida, un velo sutil y peligroso cubrió ese abismo de
lo desconocido hacia donde mis pisadas se encaminan
indefectiblemente, porque el tiempo no da espera siempre
se va, entonces, no hay razón de esperarte más y aunque me muera de pura tristeza tambien yo me voy...
Abigail Sandoval, de Sogamoso (Boyacá)
2.023