Ya perdido en París y con una moneda de un euro en mi bolsillo, puse a fatigar mis pasos por aquellas calles y avenidas que van desde el museo del Louvre hasta la isla de la Cité donde nació 'la ciudad luz' donde casi nunca se ven las estrellas... crucé anonadado sus puentes hacia la historia gala que me habían contado los libros de historia y constatar 'in situ' el trasegar por su tiempo pétreo.
Siempre a mi lado derecho el Sena, me encontré con el edificio de la academia francesa de la lengua y cruce el Puente de las Artes y una 'legua' donde se encuentran los geniales toldos de los libreros con sus mágicos libros de segunda. Enrumbé mis pasos hacia el 'Pont Neuf' -paradójicamente el más antiguo de París- y ver desde el piso la nueva estatua ecuestre de Enrique IV y despedirme de ese querido rey para entrar en la vieja ciudad...
Una vez allí me encontré de frente con la sobrecogedora y gótica radiante, Santa Capilla (Saint-Chapelle) diseñada por San Luis como un relicario para guardar la corona de espinas de Jesús comprada por astronómica cifra en lingotes de oro al Imperio Bizantino, solo me quedó mirarla y mirarla desconcertado con sus vidrieras coronada por su Rosellón llamado "La Rosa del Apocalipsis" y su enorme aguja cobijada por las paredes de lo que fue la cárcel de Paris y en cuyas paredes paso sus últimos dias Maria Antonieta antes de ser guillotinada.
Salido del estupor empecé a caminar sobre su Pavé milenario hacia la catedral de su Señora y recordando ante su magnificencia al Cuasimodo de Hugo y al frente su gran Rosetón de colores azul y purpura que ha sobrevivido a grandes catástrofes como la revolución francesa y el incendio de la catedral en 2019 conservando sus antiguos vitrales... desviada mi mirada hacia el lado derecho me encontré con el conjunto escultórico de Carlomagno y sus guardias que miré con efusión detallada...
Con mi euro compre una pequeña botella de agua para hidratarme de camino al sur, hacia el barrio latino, la universidad de La Sorbona y llegar al Panteón, donde descansan los cuerpos queridos de los grandes personajes de Francia y con un suspiro de respeto me propuse a seguir el sendero histórico...
Pero mi meta era llegar a la plaza de Italia, en cuyo sector se encontraba mi hotel y hacia allí encaminé mis ya cansados pasos.