domingo, 27 de enero de 2019

El segundo Lázaro.


Plácido y caluroso domingo dominado por el verano impuesto por nuestro "fenómeno del niño" pero aquí tratando de escribir una crónica de algo que ya es historia, la llamé "El segundo Lázaro." todo sucedió en la hermosa ciudad de Cali capital del departamento occidental del Valle del Cauca, en un populoso sector conocido como "El Distrito de Aguablanca" y un deprimido barrio al que llaman eufemísticamente, 'Las Puertas del Sol'...

Era el 15 de diciembre del año pasado, cuando tristemente y desconociendo las causas, asesinaron a un muchacho emigrante de Venezuela, Cesar Alexis Blanco, era su nombre; allí en ese barrio existe una congregación cristiana protestante que se reúne en una humilde morada o 'cueva' como le dicen ellos, para hacer sus cultos...

Lázaro y Jesús...

El día del homicidio el pastor que los orienta, tuvo una fuerte revelación del mismísimo señor Jesús, en donde le indicaba que ese muchacho resucitaría el 18 de diciembre a las 2 p.m. de ese martes. Y pasaron los días muy lentamente como se viven las horas de expectativas, oraban y oraban con toda la fe posible que les infundía el pastor a la congregación, y como "no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla" llegó el añorado martes con un bello y limpio amanecer; 'la cueva' (aquí una necesaria aclaración) que se llama así en honor a un pasaje bíblico: 'La cueva de Adulam' aquella que se describe en 1 de Samuel 24:3-21 y en la que en una ocación el rey Saúl estaba en persecución de David, entró en la cueva a cagar y David, quien se encontraba allí con 400 hombres, sigilosamente se deslizó a espaldas de Saúl y le cortó el borde y punta de su toga y pidiéndole matar, optó por demostrar su nobleza.


Las calles aledañas a la 'Cueva' misma se empezaron a llenar de cristianos de todas partes y curiosos en general, que comenzaron a contar las horas y después los minutos. Llovían los rogativos nerviosos que se convirtieron en gritos y después en berridos histéricos cuando se acercaban las dos de la tarde... "¡Qué Dios haga lo que Él está haciendo!" "¡Si Él quiere es posible!" y consignas de todo lastre e inentendibles; sería el segundo Lázaro, pero con la diferencia de que el Lázaro del Nuevo Testamento no murió, simplemente padecía de catalepsia, se encontraba en un estado de catatonia profunda, y no mostraba signo evidentes de putrefacción, simplemente estaba dormido y nuestro 'Lázaro venezolano' ya empezaba a oler feo muy feo.

Llegó la hora de ese martes y desde luego que no resucitó, sin embargo la gente llena de una fe indescriptible seguían 'chillando' emitiendo berridos histéricos, y el pastor los seguía instigando... esa noche intervinieron la autoridades sanitarias y después de varias reuniones con los adeptos de  'la cueva' lograron inyectarle una buena cantidad de formol, y retirarle la sangre podrida y taponar los orificios eyectores de materia y fluidos altamente nauseabundos...

Una semana después ante lo inevitable, los inquilinos de 'La Cueva' se dieron cuenta que eso de resucitar es imposible y optaron por darle cristiana sepultura al que iba a constituirse -según un pastorcito mentiroso- en el segundo Lázaro, de la historia...
Cosa de fanáticos.

Un resucitador abrazo.

Hortensio.





domingo, 20 de enero de 2019

Citas en la Memoria.


Un muy tranquilo y Plácido domingo, les deseo desde ésta bitácora después de una semana de graves acontecimientos para mi Patria, que es una fuente inagotable de conflictos y la más ferviente soñadora de una Paz duradera y justa... del libro "Citas en la Memoria" de Farwel, hoy voy con algunos pensamientos:

La luna está llena de miradas que se perdieron buscando una respuesta...
                        ***
1°.- La arrogancia ante la equivocación, es un acto nauseabundo, tanto más que la maldita indiferencia, esa que lleva cierto aire de superioridad y ese asco indisimulado para no pedir disculpas.

2°.- Si estás enamorado ya de viejo, mi más sentido pésame... pero eso sí, no rompas la magia que trae esos momentos en que se toque "la felicidad". El momento, siempre el momento...

.- Recuerda: en el camino de la vida, siempre habrá una estación donde poder bajarse si el viaje se complica.

4°.- Todos los seres humanos si son humanos, tendrán que recordar que, amarga es la memoria de la ocasión perdida, en mi caso lo he aprendido tarde.

5°.- Ya lo decía el poeta hispano Machado: "Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción."

6°.- Ya lo decía Paúl Gauguin: "Cualquier sitio puede ser 'Te Faruru' (Polinesia) que en el lenguaje maorí quiere decir... 'Aquí se hace el amor', busca un 'Te Faruru' y quédate allí.

7°.- Aunque es importante planificar un viaje, es también inquietante el placer de no planificar lo que la novedad nos puede dar... ¡sorpresas!.

8°.- Todos ocultamos algunos secretos a la 'luz del sol', para no ser juzgados por nuestras debilidades, antojos, miedos y   veleidades...

9°.- A veces los sueños pueden desatar enigmas y resolver dilemas, el arte es saberlos interpretar y es ahí donde comienzan los problemas.

10°.- Recordar es la única manera de detener el tiempo...



11°.- Las mentiras jamás son errores puesto que son decisiones revestidas de intensiones.

12°.- Detrás de todo silencio hay razones de dolor y amor que hay que comprender.

13°.- Aún sigo en búsqueda de ese camino que me lleve a ese lugar al que llamamos destino; me pongo a pensar... ¿acaso no es el camino el mismo destino?

14°.- La vida es una eterna contradicción entre lo que se piensa de la vida y cómo la vives...

15°.- Como buen hipocondríaco tomo pastillas contra todo, contra el dolor, contra el insomnio, contra la acidez, y un gran etcétera... pero no tomo pastillas contra la muerte.

16°.- ¿Quieres no tener decepciones...? sencillo, no te hagas muchas ilusiones y no guardes muchas esperanzas.

17°.- A veces la gente de cierto nivel intelectual, vive su vida creando un prestigio que a la larga solo, -si bien le va-, solo será un recuerdo.

18°.- Es de todos sabido que la distancia entre los vivos y los muertos es de un hilo, que algo o alguien puede cortar por equivocación...

19°.- A la muerte le importa un culo lo que los vivo hagamos o dejemos de hacer...

20°.- La dicha del momento, a menudo se daña por las tontas y estúpidas intransigencias de la gente.


Un abrazo largo y sincero.

Hortensio.

domingo, 13 de enero de 2019

Doctor, qué tiene la niña...?

Si amas a alguien jamás la traiciones,
y si no la amas no la ilusiones, pues no hay
mayor cobarde ante los ojos del mundo,
 que el que sin amar a una persona la ilusione.
(Anónimo)


Una mujer enamorada siempre sufre
por el amor ausente o traicionado.

Y de nuevo en éste bello, soleado y Plácido domingo... Pero anoche sábado, la cosa fue diferente... la discusión de varios amigos que departíamos unas cervezas y una "picadita" como le decimos en Colombia a pequeños trocitos de salchichas, papas a la francesa y chicharrones de cerdo y maní salado, fue alrededor del enamoramiento de los adolescentes ya que un sobrino menor de edad de uno de los contertulios se había escapado con una niña de apenas 13 añitos, movidos sin duda por lo que ellos entendían y sentían como amor. Los encontraron afortunadamente en un pueblo cerca a Bogotá llamado La Calera, en total estado de indefensión.  

Hoy recordando una simpática entrevista médica en que la madre preocupada por el cuadro clínico que presentaba su hija, la lleva al médico. Esto está referido por la bloguera Cruz María Flores en Cefalea en monodosis, y ésta se desarrolla de la siguiente manera:

El médico y su paciente.

- Dime niña. ¿Cómo es el dolor que sientes?

El médico me mira con gesto interrogante; yo miro a mi madre con cara de súplica; mi madre mira al doctor con incertidumbre.

Nunca es fácil explicar un dolor. Más aún, cuando no es compartido. Agacho la cabeza y abro la boca, pero las palabras no se atreven a salir.

- ¿Te duele aquí? - me dice, señalándome el pecho.

Asiento.

-Entonces te duele el pecho.
- No; me duele el corazón.
-Entiendo. ¿Y te duele aquí? - me dice, señalándome la cabeza.

Asiento.

-Entonces, también te duele la cabeza.
- No; me duelen los recuerdos.
- Vaya- dice el médico incorporándose.

Mi madre, con la boca entreabierta y las manos encogidas a la altura del cuello, mira al doctor, suplicando una respuesta con la mirada.

- Señora, no hay nada que hacer; su hija está enamorada.

Un abrazo de amor...

Cosas de la vida real... un abrazo.

Hortensio.







domingo, 6 de enero de 2019

Monterroso.


El genial cuentista...

Placido domingo... hoy con el fantástico cuentista salvadoreño de origen hondureño, Augusto Monterroso, y dos cuentos de antología... El Eclipse y El Dinosaurio, considerado el cuento más pequeño de la literatura universal... es realmente metafórico en toda su interpretación y se ha prestado a toda serie de estudios literarios.

El Eclipse.



Cuando fray Bartolomé Arrázola, se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.


Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis- les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño concejo, y esperó confiado, no sin desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrázola, chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa , una por una, las infinitas fechas en que se producirían  eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Arsitóteles.

***
El Dinosaurio.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


Deseándoles un feliz despertar.

Hortensio.





domingo, 30 de diciembre de 2018

Increíble las cosas que a mi me pasan...!

"las únicas cosas importantes en ésta
vida son las que se recuerdan".
Jean Renoir.

Plácido domingo, éste es un relato cierto que me pasó una tarde que recorría la carretera de Tunja la capital del departamento andino de Boyacá, hacia la capital, la antigua Atenas Suramenricana... Bogotá, y aunque por razones de seguridad en esa lejana época de 1976 no había (ni hay hoy en día) cultura para el auto-stop, no se que me motivó para recoger, en un pueblito intermedio llamado Ventaquemada, a un tipo bien vestido y de sonrisa fácil que me pidió un 'aventón' para llegar a su destino al norte de la capital; no le ví inconveniente pues -repito- no se el porqué me inspiraba algo de confianza. 
El policía y su libreta de multas.

Durante el recorrido la conversación fue insustancial y cordial pues era un hombre afable y con cierta cultura general, todo iba bien hasta que apareció en una leve curva del camino, un retén policial y como de costumbre me pidieron los papeles del carro (coche) sin saberlo por distracción u olvido, el seguro estaba vencido y eso era suficiente para ocasionar 'un parte' es decir una multa honerosamente elevada. Trate por todos los medios de disuadir al policial paro éste se mostró insobornablemente insensible... nada que hacer.

Reanudamos el viaje, pero en medio de mi disgusto la conversación perdió el encanto que traía antes del incidente, ya entrando a Bogotá, por la carretera central del norte, llegamos a un barrio muy antiguo llamado Lijacá (hoy Tibabitá) deteniéndonos frente a una tiendita pues mi furtivo copiloto como retribución al aventón, me invitó a tomar una gaseosa... gustoso le acepté y reanudamos la conversación que había sido interrumpida por el incidente del retén policial...

- Mire doctor, mi nombre es Julio Herrera, de los Herreras de aquí y le estoy muy agradecido por haberme traído hasta aquí 
- Bueno - le dije- Usted vive por estos lados? 
- Sí, a solo unas cuadras de aquí y sumercé, a que se dedica?
- Soy 'visitador médico' y estudio derecho.
- Ha... ya lo decía, tendremos un abogado muy pronto, me interesa.
- Porqué...?
- porque mi profesión es ser carterista y uno no sabe...

Cuando dijo esa palabra, instintivamente me mandé la mano al bolsillo para comprobar si mi cartera estaba todavía estaba en su sitio... y con alivio comprobé que todavía estaba allí. El gesto de angustia no pasa desapercibido por mi eventual copiloto; él se da cuenta y trata de disculparse, pero yo insisto en que no tiene importancia, que lo bueno era que habíamos llegado bien y no había empleado sus habilidades en mi contra, fue un alivio.

El carterista,,,

En esos momentos ya de despedida, mi pasajero Julio, mete la mano a su chaqueta de pana gris y me dice con una sonrisa franca y sincera...

-Gracias mi doctor, no se preocupe y quiero hacerle un regalito por ser Usted tan buena persona.

Estira la mano y en ella - para mi sorpresa- la libreta de multas en donde aparecía entre otras, la multa que me había impuesto el policía unos kilómetros atrás. Con un apretón de manos me despedí desde luego dándole las gracias, arranque la máquina y solo pude decirme con una sonrisa de satisfacción:

- ¡Increíble las cosas que a mi me pasan..



Un abrazo de tranquilidad.

Hortensio.

domingo, 23 de diciembre de 2018

La niebla...

Quiéreme cuando menos lo merezca,
porque será cuando más lo necesite.
 Gayo Valerio Catulo.

La mente es como un paracaídas,
solo funciona si aprendemos a abrirla.
A. Einstein. 

La niebla cerebral...

En este nublado y Plácido domingo antesala de la Natividad, un complemento de la entrada anterior que tiende en muchos casos a confundirse con el peligroso Alzheimer, es nada menos que la "Niebla Cerebral"  o "Braig Fog" en inglés, una especie de patología o episodios que se presentan -muy comúnmente- no importa la edad y que adquiere un singular conjunto de síntomas que se describen como una "alteración de la función ejecutiva" o fatiga cerebral y dificultad para concentrarse, es una  disfunción permanente que no deja asimilar lo que se está leyendo y ésta 'niebla mental', provoca desorientación de la persona incluso en lugares conocidos y fallas en su capacidad para recordar situaciones sencillas, nombres de personas y lo más grave, incapacidad para hablar con claridad... es la antesala de una fatiga crónica, una especie de fibromialgia  (fibroniebla) o de la aterradora demencia.

Entonces es el momento -cuando experimentamos éstos molestos y preocupantes síntomas- de afrontar esta niebla o parálisis de nuestras neuronas, puesto que el miedo, el estrés y la propia ansiedad, tienden a intensificar aún más el fenómeno. Destrabar la 'multitarea' que es una epidemia del siglo XXI, y a la que no le damos ninguna importancia por lo común, es trabajar sin darnos tiempos de descanso, encadenar un objetivo con otro o concentrar toda nuestra atención hacia diversos estímulos a la vez, lo que a la larga trae serias consecuencias.

simplemente: Niebla en la mente...

Ahora, no olvidemos que el cerebro no es una máquina, es una entidad biológica viva, que tiene sus ritmos, pautas y necesidades. Si lo sobreestimulamos al límite, podemos dañarlo, hay que dejarlo descansar o se podrá desconectar momentáneamente. Por eso busca el apoyo de los tuyos, realiza ejercicios mentales el mejor es la lectura comprendida, lleva siempre una libretica de bolsillo en donde puedas anotar las actividades diarias y trata de poner cuidado a los cambios más frecuentes y buscar, si es del caso, ayuda médica y profesional (internista), puesto que no es fácil encontrar el origen del problema en este piélago de opciones. 

Para no fundir el cerebro (literalmente) y prevenir la neblina es fundamental tener buenos hábitos, es decir dormir bien (7 a 8 horas), una buena alimentación (balanceada), hidratarse bien, evitar el cigarrillo, los excesos de alcohol y cero drogas, dejar el sedentarismo y hacer algo de ejercicio y un decidido y terco auto-cuidado.

Simplemente... Niebla.

Me suscribo algo preocupado...

Hortensio.









domingo, 16 de diciembre de 2018

Alzheimer...

Farwel, deja como constancia y desde la fecha de ésta entrada un grave presentimiento que está mordiendo sus entrañas y es la presencia de algunos síntomas marcados y puntuales de esa terrible enfermedad conocida como el Alzheimer. En éste Plácido domingo un pensamiento en su conocida prosa que llamó simplemente... Alzheimer:

El infame olvido al que te somete el Alzheimer.

Alzheimer. 

Toda mi vida que se la comerá el silencio, la dedicaré a mi alma en pena que empieza a migrar hacia esas fementidas sombras que da el Alzheimer; pero pelearé y llenaré de colores los pequeños espacios que aún nos quedan sin el fantasma del olvido cruel y con mis besos y caricias romper al golpe de los latidos de nuestro corazón, el hierático hielo que en arcadas infames nos está separando...

Dolor acongojante que impide tu regreso en un triste final, y en mi angustia , todos los días de mis miserables días sin tí, preparo el terreno movedizo para que no pase nada nuevo, nada bueno nada malo, y todo siga igual para que no te des cuenta e incansablemente guardar en mi lúcida memoria tu imagen venerada y tu historia amada, mientras en nuestras vidas minuto a minuto se van desnudando y perdiendo las horas que segundo a segundo indefectiblemente me va anunciando que te estoy perdiendo.

Y en esa agónica y eterna verdad tu mirada ausente se hace presente; doloroso vacío que en la noche oscura evocará tu nombre amado y maldigo mil veces esa infame lejanía impuesta en un delirio inacabado y atroz, pero estaré a tu lado hasta el final a tu lado porque se que al momento del abandono, la muerte te abrazará... no temas que aquí estoy, ¡hasta mañana amor mio!   


Un abrazo de angustia.

Hortensio.

domingo, 9 de diciembre de 2018

El soldado y la Muerte (III).

Y la historia continua así:
Y el soldado desafió a la muerte.
Así transcurrieron unos cuantos años, cuando un día se puso enfermo el zar. Llamaron al soldado, y éste, llenando el vaso con agua de la fuente, lo colocó a la cabecera del lecho, miró el agua y vio con horror que la Muerte estaba, como un centinela, sentada a la cabecera del enfermo.

- ¡Majestad! - le dijo el soldado- Nadie podrá devolverle la salud. Solo le quedan tres horas de vida.

Al oír estas palabras el zar se encolerizo y gritó con rabia:

-¿Cómo? Tú que has curado a mis boyardos y a mis generales, ¿no quieres curarme a mi, que soy tu soberano? ¿Acaso soy yo de peor casta o indigno de tu favor? Si no me curas daré la orden para que te ejecuten una hora después de mi muerte.

El soldado se encontró perplejo ante este problema y se puso a suplicar a la Muerte, diciendo:

- Dale al zar la vida y toma en cambio la mía, porque si de todas modos he de perecer, prefiero morir por tu mano a ser ejecutado por la del verdugo.

Miró otra vez el vaso y vio que la Muerte le hacía una señal de aprobación y se colocaba a los pies del zar. El soldado roció al enfermo, y éste en seguida recobró la salud y se levantó de la cama.

-Oye, Muerte -dijo el soldado-, dame tres horas de plazo; necesito volver a casa para despedirme de mi mujer y mi hijo.
-Está bien -contestó la muerte.

El soldado se fue a su casa, se acostó y se puso muy enfermo. La Muerte no tardó en llegar y en colocarse a la cabecera de su cama, diciéndole:

-Despídete pronto de los tuyos, porqué ya no te quedan más que tres minutos de vida.

El soldado extendió un brazo, descolgó de la pared la alforja, la abrió y preguntó:

-¿Qué es esto?

La Muerte contestó:

-Una alforja.
- Es verdad; pues entra aquí.

Y la muerte en un instante se encontró metida en la alforja.
El soldado sintió grande alivio que saltó de la cama, ató fuertemente la alforja, se la colgó al hombro y se encaminó a los espesos bosques de Briauskie. Llegó allí, colgó la alforja en la cima de un álamo y se volvió contento a su casa.

Desde entonces ya no se moría la gente. Nacían y nacían, pero ninguno moría. Así transcurrieron muchos años, sin que el soldado descolgase la alforja del álamo.

Un vez que paseaba por la ciudad tropezó con una anciana tan vieja y decrépita, que se caía al suelo a cada soplo del viento.

-¡Dios de mi alma, que vieja eres! -exclamó el soldado-. Ya es tiempo de que te mueras.
- Si hijo mío - le contestó la anciana-. Cuando hiciste prisionera a la Muerte sólo me quedaba una hora de vida. Tengo gran deseo de descansar; pero ¿cómo he de hacer? Sin la muerte la tierra no me admite para que descanse en sus profundidades. Dios te castigará por ello, pues son muchos los seres humanos que están sufriendo como yo en éste mundo por tu causa.

El soldado quedó pensativo: "Se ve que es necesario liberar a la Muerte aunque me mate a mí- pensó-. ¡Soy un gran pecador!"

Se despidió de los suyos y se dirigió a los bosques de Briauskie. Llegó allí, se acercó al álamo y vio la alforja colgada en o alto del árbol, balanceada por el viento.

-Oye, Muerte, ¿estás viva?- preguntó el soldado.

La Muerte le contestó con una voz apenas perceptible:

- Estoy viva, amigo.

El soldado descolgó la alforja, la desato y la abrió, dejando libre a la Muerte, a la que suplicó que lo matase lo más pronto posible para sufrir poco; pero la muerte, sin hacerle caso, echo a correr y en un instante desapareció.
Que te llega la hora...te llega.
El soldado volvió a su casa y siguió viviendo muchos años, gozando de la mayor felicidad.

Todos creían que ya no se moriría nunca; pero, según dicen, se ha muerto hace poco.

Fin.


Un abrazo incondicional.

Hortensio.









domingo, 2 de diciembre de 2018

El soldado y la muerte (II.)

 Y la historia continua  así:


El valiente soldado ruso.

Los servidores llegaron al palacio y vieron con asombro al soldado paseándose contentísimo por las salas fumando su pipa.

-¡Hola, amigo! Ya no esperábamos verte vivo. ¿Qué tal has pasado la noche? ¿Cómo te las has arreglado con los diablos?
- ¡Valientes  personajes son esos diablos! ¿Miren cuánto oro y cuánta plata les he ganado a los naipes!

Los servidores del zar quedaron asombrados y no se atrevían a creer lo que veían sus ojos.

- Se han quedado todos con la boca abierta -siguió diciendo el soldado-. Envíenme pronto dos herreros y díganles que traigan el yunque y los martillos.

Cuando llegaron los herreros trayendo consigo el yunque y los martillos de batir, les dijo el soldado:

-Descuelguen esa alforja de la pared y den buenos golpes sobre ella.

Los herreros se pusieron a descolgar la alforja y hablaron entre ellos:

- ¡Dios mio, cuanto pesa! ¡Parece como si estuviera llena de diablos!

Y éstos exclamaron desde adentro:

- Somos nosotros, queridos amigos.

Colocaron el yunque con la alforja encima y se pusieron a golpear sobre ella con los martillos como si estuviesen batiendo hierro. Los diablos, no pudiendo soportar el dolor, llenos de espanto, gritaron con todas sus fuerzas:

- ¡Gracia, gracia, soldado! ¡Déjanos libres! ¡Nunca te olvidaremos y ningún diablo entrará jamás en este palacio ni se acercará a él en cien leguas a la redonda!

El soldado ordenó a los herreros que cesasen de golpear, y apenas desató la alforja los diablos echaron a correr sin siquiera mirar atrás; en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron del palacio. Pero no todos tuvieron la suerte de escapar: el soldado detuvo, como prisionero en rehenes, a un diablo cojo que no pudo correr como los demás.

Cuando anunciaron al zar las hazañas del soldado, lo hizo venir a su presencia, lo alabó mucho y lo dejó vivir en el palacio. Desde entonces el valiente soldado empezó a gozar de la vida, porque todo lo tenía en abundancia: los bolsillos rebosando de dinero, el respeto y consideración de toda la gente, que cuando se lo encontraban le hacían reverencias respetuosas, y el cariño de su zar.

Se puso tan contento que quiso casarse. Buscó novia, celebraron la boda y, para colmo de bienes, obtuvo de Dios la gracia de tener un hijo al año de su matrimonio.

Poco tiempo después se puso enfermo el niño y nadie lograba curarlo. Cuantos médicos y curanderos lo visitaban no conseguían ninguna mejoría. Entonces el soldado se acordó del diablo cojo;  trajo la alforja donde lo tenía encerrado y le preguntó:

-¿Estas vivo, diablo?
- Sí, estoy vivo. ¿Qué deseas , señor mío?
- Se ha puesto enfermo mi hijo y no sé que hacer con él. Quizá tu sepas cómo curarlo.
- Sí sé, pero ante todo déjame salir de la alforja.
- ¿Y si me engañas y te escapas?

El diablo cojo le juró que ni siquiera un momento había tenía esa idea, y el soldado, desatando la alforja, puso en libertad a su prisionero.

El diablo, recobrando su libertad, sacó un vaso el bolsillo, lo llenó de agua de la fuente, lo colocó a la cabecera de la cama donde estaba tendido el niño enfermo y dijo al padre:

- Ven aquí, amigo, mira el agua.

El soldado miró el agua, y el diablo le preguntó:

-¿Qué vez?
- Veo la Muerte.
-¿Dónde se halla?
- A los pies de mi hijo.
- Está bien. Si está a los pies, quiere decir que el enfermo se curará. Si hubiese estado en la cabecera, se hubiera muerto sin remedio. Ahora toma el vaso y rocía al enfermo.

El soldado roció al niño con el agua, y al instante se le  quitó la enfermedad.

- Gracias- dijo el soldado al diablo cojo, y le dejó libre, guardando solo el vaso.

La muerte...

Desde aquel día se hizo curandero, dedicándose a curar  a los boyardos y a los generales. No se tomaba más trabajo que el de mirar en el vaso, y en seguida podía decir con la mayor seguridad cual de los enfermos moriría y cual viviría.
                                   
                                   ***

Continuará...
Un abrazo de continuidad.

Hortensio.






domingo, 25 de noviembre de 2018

El soldado y la muerte (I.).

Cuando eramos muy niños (mis hermanos y yo), mi padre nos regalo una colección de pequeños libros... llamada  'enciclopedia pulga',  mucho más pequeños que un celular común pero más gruesos; contenían muchísimas biografías, poesías, cuentos de varios países y literatura en general, un pequeño tesoro que nos abrió la ruta al amor por la lectura y a mi por la literatura. En éste Plácido domingo un cuento que leí hace muchísimos años y que quiero compartir con Ustedes, el cuento del folclore ruso de Alekandr Nikoalevich Afanaisiev. Lo haré en tres entregas para hacerlo más ameno al leer...

500 números de la bellísima colección "Pulga".


El soldado y la muerte.

Un soldado, despues de haber cumplido su servicio durante veinticinco años, pidió ser licenciado y se fue a recorrer el mundo. Anduvo por el algún tiempo y se encontró con un hombre muy pobre quien le pidió limosna. El soldado tenía sólo tres galletas y dió una la mendigo, quedando se el con dos. Siguió su camino, y a poco tropezó con otro pobre que tambien le pidió limosna saludándolo humildemente. El soldado repartió con él su provisión, dándole una galleta y quedándose él con la última.

Llevaba andando un buen rato cuando se encontró a un tercer mendigo. Era un anciano de pelo blanco como la nieve, que también lo saludó humildemente pidiéndole limosna.
El soldado sacó su última galleta y reflexionó asi:

"Si le doy la galleta entera me quedaré sin provisiones; pero si le doy la mitad y encuentra a los otros dos pobres, al ver que a ellos les he dado una galleta entera a cada uno de ellos se podrá ofender. Será mejor que le de la galleta entera; yo me poder´pasar sin ella." 

Le dio su última galleta, quedándose sin provisiones. Entonces el anciano le preguntó:

- Dime, hijo mio, ¿qué deseas y qué necesitas?
- Dios te bendiga -le contestó el soldado- ¿Qué quieres que te pida a ti, abuelito, si eres tan pobre que nada puedes ofrecerme?
- No hagas caso de mi miseria y dime lo que deseas; quizá pueda pueda recompensarte por tu buen corazón.
- No necesito nada; pero si tienes una baraja, dámela como recuerdo tuyo.

El anciano sacó de su bolsillo una baraja y se la dio al soldado, diciendo:

-Tómala, y puedes estar seguro de que, juegues con quien juegues, siempre ganarás. Aquí tienes tambien una alforja; a quien encuentres en al camino, sea persona, sea animal o sea cosa, si la abres y dices: "Entra aquí", en seguida se meterá en ella.  

- Muchas gracias - le dijo el soldado.

Y sin dar importancia a lo que el anciano le había dicho, tomo la baraja y la alforja y siguió su camino.
Después de andar bastante tiempo llegó a la orilla de un lago y vio en él a tres gansos que estaban nadando. Se le ocurrió al soldado ensayar su alforja; la abrió y exclamó:

- ¡Ea, gansos, entren aquí!

Apenas tuvo tiempo de pronunciar las estas palabras cuando, con gran asombro suyo, los gansos volaron hacia él y entraron en la alforja. El soldado la ató, se la puso en el hombro y siguió su camino.

Anduvo, anduvo y al fin llegó a una gran ciudad desconocida. Entró en una taberna y dijo al tabernero:

- Oye, toma este ganso y ásamelo para la cenar ; por éste otro me darás pan y una buena copa de aguardiente, y éste tercero te lo doy a ti en pago de tu trabajo.

Se sentó a la mesa y, una vez lista la cena, se puso a comer, debiéndose el aguardiente y comiendo el sabroso ganso. Conforme cenaba, se le ocurrió mirar por la ventana y vio cerca de la taberna un magnifico palacio que tenía rotos todos los cristales de las ventanas.

-Dime - preguntó al tabernero-, ¿qué palacio es ese y por  qué se halla abandonado?
- Ya hace tiempo - le dijo éste- que nuestro zar hizo construir ese palacio, pero le fue imposible establecerse en él. Hace diez años que está abandonado, porque los diablos lo han tomado por residencia y echan de él a todo el que entra. Apenas llega la noche se reúnen allí a bailar, alborotar y a jugar a los naipe.

El soldado, sin pararse a pensar en nada, se dirigió a palacio, se presentó ante el zar, y haciendo un saludo militar, le dijo así:

- ¡Majestad! Perdóneme mi audacia por venir a verle sin ser llamado. Quisiera que me diese permiso para pasar una noche en su palacio abandonado.
- ¡Tu estás loco! se han presentado ya muchos hombres audaces y valientes pidiéndome lo mismo; a todos les di permiso, pero ninguno de ellos ha vuelto vivo.
- El soldado ruso ni se ahoga en el agua ni se quema en el fuego -contesto el soldado-. He servido a Dios y al zar veinticinco años y no me he muerto. ¿Cree su majestad que me voy a morir en una sola noche?
- Pero te advierto que siempre que ha entrado al anochecer un hombre vivo, a la mañana siguiente sólo se han encontrado los huesos - contestó el zar.
El soldado ruso...

El soldado persistió en su deseo, rogando al zar que la diese permiso para pasar la noche en el palacio abandonado.

- Bueno- dijo al fin el zar-. Ve allí si quieres; pero no podrás decir que ignoras la muerte que te espera.

Se fue el soldado al palacio abandonado, y una vez allí se instaló en la gran sala, se quitó la mochila y el sable, puso la primera en un rincón y colgó el sable en un clavo. Se sentó a la mesa, sacó la tabaquera, lleno la pipa, la encendió y se puso a fumar tranquilamente.

A las doce de la noche acudieron, no se sabe de dónde, una cantidad tan grande de diablos que no era posible contarlos. Empezaron a gritar, a bailar y alborotar, armando una algarabía infernal.

-¡Hola, soldado! ¿Estas tu  tambien aquí? - gritaron al ver a éste-. ¿Para que has venido? ¿Acaso quieres jugar a los naipes con nosotros?
- ¿Por qué no he de querer? -repuso el soldado-. Ahora que con una condición: hemos de jugar con mi baraja, porque no tengo fe en la de ustedes.

En seguida sacó su baraja y empezó a repartir las cartas. Jugaron un juego y el soldado ganó; la segunda vez ocurrió lo mismo. A pesar de todas las astucias que que inventaban los diablos, perdieron todo el dinero que tenían, y el soldado iba recogiéndolo tranquilamente.

Espera, amigo -le dijeron los diablos; tenemos una reserva de cincuenta arrobas de plata y cuarenta de oro: vamos a jugar esa plata y ese oro.
Mandaron a un diablejo para que les trajese, los sacos de la reserva y continuaron jugando. El soldado seguía ganando, y el pequeño diablejo, despues de traer todos los sacos de plata, se cansó tanto que, con el aliento perdido, suplicó al viejo diablo calvo:

- Permíteme descansar un ratito.
- ¡Nada de descanso, perezoso! ¡Tráenos en seguida los sacos de oro!

El diablejo, asustado, corrió a todo correr y siguió trayendo los sacos de oro, que pronto se amontonaron en un rincón. Pero el resultado fue el mismo: el soldado seguía ganando.
los diablos, a quienes no les agradaba separarse de su dinero, derribaron la mesa a patadas y atacaron al soldado, rugiendo a coro:

- Despedácenlo, despedácenlo!

Pero el soldado, sin turbarse, cogió su alforja, la abrió y preguntó:

- ¿Saben que es esto?
- Una alforja  - le contestaron los diablos.
- ¡Pues entren todos aquí!

Apenas pronunció estas palabras, todos los diablos en pelotón se precipitaron en la alforja, llenándola por completo, apretados unos con otros. El soldado la ató lo más fuerte posible con una cuerda, la colgó de la pared, y luego, echándose sobre los sacos de dinero, se durmió profundamente in despertar hasta la mañana.

Muy temprano, el zar dijo a sus servidores:

- Vayan a ver lo que le ha sucedido al soldado, y si se ha muerto, recojan sus huesos.

***
Continuará...
 Un abrazo de espera.

Hortensio.