domingo, 10 de febrero de 2019

Cada día más es un día menos.

El hombre es el ser por el 
que la nada viene al mundo.
Sartre.

Desde que el hombre viene a la vida
es ya bastante viejo para morir.
Heidegger.

La vida es un esfuerzo inútil que
hay que reanudar cada mañana.
A. Camús.


La gente muere... La vida sigue.

Un feliz y Plácido domingo... hoy con una reflexión ante la fragilidad de nuestra existencia que no es otra cosa que un simple guiño del Universo en su temporalidad al llenar un minúsculo espacio en el que le fue dado vivir moviéndose en el tiempo hacia el horizonte de su finitud en un incesante  fluir de su temporalidad en su precario existir y entonces se presenta la muerte cuando menos se espera, es cuando pienso en la clásica frase de Shakespiare en su Hamlet: "Ser o no ser he ahí el dilema" esto es la angustia del hombre ante el dilema de su fragilidad de estar hoy con vida y en un segundo perderla.

Si la muerte es la cesación de la vida, entonces lo que vale es poder trascender a la muerte y solo el hombre es la única criatura viviente que puede hacerlo... Sócrates, ante la muerte dijo: "...ya es hora de irse: yo a la muerte y vosotros a la vida. Quien de nosotros se encamine hacia un estado mejor, será desconocido por todos nosotros". Así aprendemos a vivir y convivir con nuestra compañera de viaje, la muerte, pues es algo que está ahí y que tiene que ocurrir indefectiblemente puesto que es lo único seguro que tenemos, la vida no tiene repuestos ya que siendo es el más bello, único e inalienable tesoro, no es de ninguna forma transferible.


Un héroe griego ante los dioses del Olimpo, dijo con el pecho erguido de orgullo: "Estoy de paso y soy feliz de ser mortal ya que esto es el verdadero sentido de la vida... morir". Es el estar consciente de nuestra fragilidad lo que hace y pre-supone que tengamos que vivir la vida, pues estamos destinados a cumplir las leyes de la biogenética y el azar como tenía la escuela reduccionista en su interpretación; "El sentido de la vida es la satisfacción de los deseos, pero como los deseos son inagotables, la satisfacción verdadera no existe. Cada existencia es una serie continua de desdichas que cada cual oculta todo lo posible". Y la gente muere por encima del absurdo instinto de conservación que nos hace posible la existencia en este planeta de paso.


Unos cuantos pensamientos sobre este tema que casi nadie toca aunque inevitablemente sabemos que...

CADA DÍA MÁS ES UN DÍA MENOS

La gente muere y queda todo ahí.
los planes a largo plazo y las tareas
de la casa, las deudas con el banco,
las fincas y los auto de lujo que se
compraron para tener estatus.

La gente muere sin siquiera guardar
la comida en la nevera, todo se pudre
todo tiene una fecha de caducidad y 
la ropa de marca queda colgada o puesta
en su lugar...

La gente muere disolviéndose toda la
importancia y títulos y glorias y fortunas
que pensábamos era para siempre y la 
vida continua, las personas superan sus 
penas y siguen sus rutinas normalmente. 

La gente muere y todos los grandes problemas
que creíamos que teníamos se transforman en un inmenso vacío y que los problemas viven dentro de nosotros pues las cosas tienen la energía que ponemos en ellas y ejercen en nosotros la influencia que les permitimos...

La gente muere y el mundo sigue ahí con su caótica presencia y nuestra ausencia no hará la diferencia ni se notará. Somos pequeños pero prepotentes, por eso hay que vivir tratando de olvidar los malos momentos
pues la muerte siempre está al acecho...

La gente muere en un parpadeo pues la cosa es así, los viudos se vuelven a casar, tienen sexo, van de la mano y van al cine y a comer en algún restaurante, somos rápidamente reemplazados en todo, en el cargo que ocupábamos en la empresa y las cosas que ni siquiera usamos son donadas y algunas botadas a la basura...

La gente muere cuando menos lo esperábamos, por otra parte ¿quien espera morir? nadie excepto los suicidas valientes o idiotas. Si la gente conociera su fecha de caducidad tal vez vivirían mejor y todo lo haría hoy, haría el amor hoy, o comiese el postre antes del almuerzo y claro que esperaríamos menos de la gente y perdonaría más, reirían más, sentirían la belleza
de la Naturaleza más seguido, tal vez y estoy seguro que se  querría más al tiempo que al dinero...

Quien sabe, quizá la gente entendiera que no vale la pena sentir miedo o vivir con la tristeza en el alma por cosas banales, leería un libro de poemas, oiría más música y bailaría sin saberlo hacer y sin importar el fatuo del 'qué dirán'
porque el tiempo vuela desde el momento en que nacemos y nos empezamos a oxidar y con destino imparable al socavón de la tumba o a la infame necesaria cremación, pero aún hay gente que vive de prisa sin darse el regalo de percibir lo importante en eso de que cada día más es un día menos...

Piénsalo y tenlo presente... un abrazo muy fuerte.

Hortensio.

domingo, 27 de enero de 2019

El segundo Lázaro.


Plácido y caluroso domingo dominado por el verano impuesto por nuestro "fenómeno del niño" pero aquí tratando de escribir una crónica de algo que ya es historia, la llamé "El segundo Lázaro." todo sucedió en la hermosa ciudad de Cali capital del departamento occidental del Valle del Cauca, en un populoso sector conocido como "El Distrito de Aguablanca" y un deprimido barrio al que llaman eufemísticamente, 'Las Puertas del Sol'...

Era el 15 de diciembre del año pasado, cuando tristemente y desconociendo las causas, asesinaron a un muchacho emigrante de Venezuela, Cesar Alexis Blanco, era su nombre; allí en ese barrio existe una congregación cristiana protestante que se reúne en una humilde morada o 'cueva' como le dicen ellos, para hacer sus cultos...

Lázaro y Jesús...

El día del homicidio el pastor que los orienta, tuvo una fuerte revelación del mismísimo señor Jesús, en donde le indicaba que ese muchacho resucitaría el 18 de diciembre a las 2 p.m. de ese martes. Y pasaron los días muy lentamente como se viven las horas de expectativas, oraban y oraban con toda la fe posible que les infundía el pastor a la congregación, y como "no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla" llegó el añorado martes con un bello y limpio amanecer; 'la cueva' (aquí una necesaria aclaración) que se llama así en honor a un pasaje bíblico: 'La cueva de Adulam' aquella que se describe en 1 de Samuel 24:3-21 y en la que en una ocación el rey Saúl estaba en persecución de David, entró en la cueva a cagar y David, quien se encontraba allí con 400 hombres, sigilosamente se deslizó a espaldas de Saúl y le cortó el borde y punta de su toga y pidiéndole matar, optó por demostrar su nobleza.


Las calles aledañas a la 'Cueva' misma se empezaron a llenar de cristianos de todas partes y curiosos en general, que comenzaron a contar las horas y después los minutos. Llovían los rogativos nerviosos que se convirtieron en gritos y después en berridos histéricos cuando se acercaban las dos de la tarde... "¡Qué Dios haga lo que Él está haciendo!" "¡Si Él quiere es posible!" y consignas de todo lastre e inentendibles; sería el segundo Lázaro, pero con la diferencia de que el Lázaro del Nuevo Testamento no murió, simplemente padecía de catalepsia, se encontraba en un estado de catatonia profunda, y no mostraba signo evidentes de putrefacción, simplemente estaba dormido y nuestro 'Lázaro venezolano' ya empezaba a oler feo muy feo.

Llegó la hora de ese martes y desde luego que no resucitó, sin embargo la gente llena de una fe indescriptible seguían 'chillando' emitiendo berridos histéricos, y el pastor los seguía instigando... esa noche intervinieron la autoridades sanitarias y después de varias reuniones con los adeptos de  'la cueva' lograron inyectarle una buena cantidad de formol, y retirarle la sangre podrida y taponar los orificios eyectores de materia y fluidos altamente nauseabundos...

Una semana después ante lo inevitable, los inquilinos de 'La Cueva' se dieron cuenta que eso de resucitar es imposible y optaron por darle cristiana sepultura al que iba a constituirse -según un pastorcito mentiroso- en el segundo Lázaro, de la historia...
Cosa de fanáticos.

Un resucitador abrazo.

Hortensio.





domingo, 20 de enero de 2019

Citas en la Memoria.


Un muy tranquilo y Plácido domingo, les deseo desde ésta bitácora después de una semana de graves acontecimientos para mi Patria, que es una fuente inagotable de conflictos y la más ferviente soñadora de una Paz duradera y justa... del libro "Citas en la Memoria" de Farwel, hoy voy con algunos pensamientos:

La luna está llena de miradas que se perdieron buscando una respuesta...
                        ***
1°.- La arrogancia ante la equivocación, es un acto nauseabundo, tanto más que la maldita indiferencia, esa que lleva cierto aire de superioridad y ese asco indisimulado para no pedir disculpas.

2°.- Si estás enamorado ya de viejo, mi más sentido pésame... pero eso sí, no rompas la magia que trae esos momentos en que se toque "la felicidad". El momento, siempre el momento...

.- Recuerda: en el camino de la vida, siempre habrá una estación donde poder bajarse si el viaje se complica.

4°.- Todos los seres humanos si son humanos, tendrán que recordar que, amarga es la memoria de la ocasión perdida, en mi caso lo he aprendido tarde.

5°.- Ya lo decía el poeta hispano Machado: "Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción."

6°.- Ya lo decía Paúl Gauguin: "Cualquier sitio puede ser 'Te Faruru' (Polinesia) que en el lenguaje maorí quiere decir... 'Aquí se hace el amor', busca un 'Te Faruru' y quédate allí.

7°.- Aunque es importante planificar un viaje, es también inquietante el placer de no planificar lo que la novedad nos puede dar... ¡sorpresas!.

8°.- Todos ocultamos algunos secretos a la 'luz del sol', para no ser juzgados por nuestras debilidades, antojos, miedos y   veleidades...

9°.- A veces los sueños pueden desatar enigmas y resolver dilemas, el arte es saberlos interpretar y es ahí donde comienzan los problemas.

10°.- Recordar es la única manera de detener el tiempo...



11°.- Las mentiras jamás son errores puesto que son decisiones revestidas de intensiones.

12°.- Detrás de todo silencio hay razones de dolor y amor que hay que comprender.

13°.- Aún sigo en búsqueda de ese camino que me lleve a ese lugar al que llamamos destino; me pongo a pensar... ¿acaso no es el camino el mismo destino?

14°.- La vida es una eterna contradicción entre lo que se piensa de la vida y cómo la vives...

15°.- Como buen hipocondríaco tomo pastillas contra todo, contra el dolor, contra el insomnio, contra la acidez, y un gran etcétera... pero no tomo pastillas contra la muerte.

16°.- ¿Quieres no tener decepciones...? sencillo, no te hagas muchas ilusiones y no guardes muchas esperanzas.

17°.- A veces la gente de cierto nivel intelectual, vive su vida creando un prestigio que a la larga solo, -si bien le va-, solo será un recuerdo.

18°.- Es de todos sabido que la distancia entre los vivos y los muertos es de un hilo, que algo o alguien puede cortar por equivocación...

19°.- A la muerte le importa un culo lo que los vivo hagamos o dejemos de hacer...

20°.- La dicha del momento, a menudo se daña por las tontas y estúpidas intransigencias de la gente.


Un abrazo largo y sincero.

Hortensio.

domingo, 13 de enero de 2019

Doctor, qué tiene la niña...?

Si amas a alguien jamás la traiciones,
y si no la amas no la ilusiones, pues no hay
mayor cobarde ante los ojos del mundo,
 que el que sin amar a una persona la ilusione.
(Anónimo)


Una mujer enamorada siempre sufre
por el amor ausente o traicionado.

Y de nuevo en éste bello, soleado y Plácido domingo... Pero anoche sábado, la cosa fue diferente... la discusión de varios amigos que departíamos unas cervezas y una "picadita" como le decimos en Colombia a pequeños trocitos de salchichas, papas a la francesa y chicharrones de cerdo y maní salado, fue alrededor del enamoramiento de los adolescentes ya que un sobrino menor de edad de uno de los contertulios se había escapado con una niña de apenas 13 añitos, movidos sin duda por lo que ellos entendían y sentían como amor. Los encontraron afortunadamente en un pueblo cerca a Bogotá llamado La Calera, en total estado de indefensión.  

Hoy recordando una simpática entrevista médica en que la madre preocupada por el cuadro clínico que presentaba su hija, la lleva al médico. Esto está referido por la bloguera Cruz María Flores en Cefalea en monodosis, y ésta se desarrolla de la siguiente manera:

El médico y su paciente.

- Dime niña. ¿Cómo es el dolor que sientes?

El médico me mira con gesto interrogante; yo miro a mi madre con cara de súplica; mi madre mira al doctor con incertidumbre.

Nunca es fácil explicar un dolor. Más aún, cuando no es compartido. Agacho la cabeza y abro la boca, pero las palabras no se atreven a salir.

- ¿Te duele aquí? - me dice, señalándome el pecho.

Asiento.

-Entonces te duele el pecho.
- No; me duele el corazón.
-Entiendo. ¿Y te duele aquí? - me dice, señalándome la cabeza.

Asiento.

-Entonces, también te duele la cabeza.
- No; me duelen los recuerdos.
- Vaya- dice el médico incorporándose.

Mi madre, con la boca entreabierta y las manos encogidas a la altura del cuello, mira al doctor, suplicando una respuesta con la mirada.

- Señora, no hay nada que hacer; su hija está enamorada.

Un abrazo de amor...

Cosas de la vida real... un abrazo.

Hortensio.







domingo, 6 de enero de 2019

Monterroso.


El genial cuentista...

Placido domingo... hoy con el fantástico cuentista salvadoreño de origen hondureño, Augusto Monterroso, y dos cuentos de antología... El Eclipse y El Dinosaurio, considerado el cuento más pequeño de la literatura universal... es realmente metafórico en toda su interpretación y se ha prestado a toda serie de estudios literarios.

El Eclipse.



Cuando fray Bartolomé Arrázola, se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.


Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis- les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño concejo, y esperó confiado, no sin desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrázola, chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa , una por una, las infinitas fechas en que se producirían  eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Arsitóteles.

***
El Dinosaurio.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


Deseándoles un feliz despertar.

Hortensio.





domingo, 30 de diciembre de 2018

Increíble las cosas que a mi me pasan...!

"las únicas cosas importantes en ésta
vida son las que se recuerdan".
Jean Renoir.

Plácido domingo, éste es un relato cierto que me pasó una tarde que recorría la carretera de Tunja la capital del departamento andino de Boyacá, hacia la capital, la antigua Atenas Suramenricana... Bogotá, y aunque por razones de seguridad en esa lejana época de 1976 no había (ni hay hoy en día) cultura para el auto-stop, no se que me motivó para recoger, en un pueblito intermedio llamado Ventaquemada, a un tipo bien vestido y de sonrisa fácil que me pidió un 'aventón' para llegar a su destino al norte de la capital; no le ví inconveniente pues -repito- no se el porqué me inspiraba algo de confianza. 
El policía y su libreta de multas.

Durante el recorrido la conversación fue insustancial y cordial pues era un hombre afable y con cierta cultura general, todo iba bien hasta que apareció en una leve curva del camino, un retén policial y como de costumbre me pidieron los papeles del carro (coche) sin saberlo por distracción u olvido, el seguro estaba vencido y eso era suficiente para ocasionar 'un parte' es decir una multa honerosamente elevada. Trate por todos los medios de disuadir al policial paro éste se mostró insobornablemente insensible... nada que hacer.

Reanudamos el viaje, pero en medio de mi disgusto la conversación perdió el encanto que traía antes del incidente, ya entrando a Bogotá, por la carretera central del norte, llegamos a un barrio muy antiguo llamado Lijacá (hoy Tibabitá) deteniéndonos frente a una tiendita pues mi furtivo copiloto como retribución al aventón, me invitó a tomar una gaseosa... gustoso le acepté y reanudamos la conversación que había sido interrumpida por el incidente del retén policial...

- Mire doctor, mi nombre es Julio Herrera, de los Herreras de aquí y le estoy muy agradecido por haberme traído hasta aquí 
- Bueno - le dije- Usted vive por estos lados? 
- Sí, a solo unas cuadras de aquí y sumercé, a que se dedica?
- Soy 'visitador médico' y estudio derecho.
- Ha... ya lo decía, tendremos un abogado muy pronto, me interesa.
- Porqué...?
- porque mi profesión es ser carterista y uno no sabe...

Cuando dijo esa palabra, instintivamente me mandé la mano al bolsillo para comprobar si mi cartera estaba todavía estaba en su sitio... y con alivio comprobé que todavía estaba allí. El gesto de angustia no pasa desapercibido por mi eventual copiloto; él se da cuenta y trata de disculparse, pero yo insisto en que no tiene importancia, que lo bueno era que habíamos llegado bien y no había empleado sus habilidades en mi contra, fue un alivio.

El carterista,,,

En esos momentos ya de despedida, mi pasajero Julio, mete la mano a su chaqueta de pana gris y me dice con una sonrisa franca y sincera...

-Gracias mi doctor, no se preocupe y quiero hacerle un regalito por ser Usted tan buena persona.

Estira la mano y en ella - para mi sorpresa- la libreta de multas en donde aparecía entre otras, la multa que me había impuesto el policía unos kilómetros atrás. Con un apretón de manos me despedí desde luego dándole las gracias, arranque la máquina y solo pude decirme con una sonrisa de satisfacción:

- ¡Increíble las cosas que a mi me pasan..



Un abrazo de tranquilidad.

Hortensio.

domingo, 23 de diciembre de 2018

La niebla...

Quiéreme cuando menos lo merezca,
porque será cuando más lo necesite.
 Gayo Valerio Catulo.

La mente es como un paracaídas,
solo funciona si aprendemos a abrirla.
A. Einstein. 

La niebla cerebral...

En este nublado y Plácido domingo antesala de la Natividad, un complemento de la entrada anterior que tiende en muchos casos a confundirse con el peligroso Alzheimer, es nada menos que la "Niebla Cerebral"  o "Braig Fog" en inglés, una especie de patología o episodios que se presentan -muy comúnmente- no importa la edad y que adquiere un singular conjunto de síntomas que se describen como una "alteración de la función ejecutiva" o fatiga cerebral y dificultad para concentrarse, es una  disfunción permanente que no deja asimilar lo que se está leyendo y ésta 'niebla mental', provoca desorientación de la persona incluso en lugares conocidos y fallas en su capacidad para recordar situaciones sencillas, nombres de personas y lo más grave, incapacidad para hablar con claridad... es la antesala de una fatiga crónica, una especie de fibromialgia  (fibroniebla) o de la aterradora demencia.

Entonces es el momento -cuando experimentamos éstos molestos y preocupantes síntomas- de afrontar esta niebla o parálisis de nuestras neuronas, puesto que el miedo, el estrés y la propia ansiedad, tienden a intensificar aún más el fenómeno. Destrabar la 'multitarea' que es una epidemia del siglo XXI, y a la que no le damos ninguna importancia por lo común, es trabajar sin darnos tiempos de descanso, encadenar un objetivo con otro o concentrar toda nuestra atención hacia diversos estímulos a la vez, lo que a la larga trae serias consecuencias.

simplemente: Niebla en la mente...

Ahora, no olvidemos que el cerebro no es una máquina, es una entidad biológica viva, que tiene sus ritmos, pautas y necesidades. Si lo sobreestimulamos al límite, podemos dañarlo, hay que dejarlo descansar o se podrá desconectar momentáneamente. Por eso busca el apoyo de los tuyos, realiza ejercicios mentales el mejor es la lectura comprendida, lleva siempre una libretica de bolsillo en donde puedas anotar las actividades diarias y trata de poner cuidado a los cambios más frecuentes y buscar, si es del caso, ayuda médica y profesional (internista), puesto que no es fácil encontrar el origen del problema en este piélago de opciones. 

Para no fundir el cerebro (literalmente) y prevenir la neblina es fundamental tener buenos hábitos, es decir dormir bien (7 a 8 horas), una buena alimentación (balanceada), hidratarse bien, evitar el cigarrillo, los excesos de alcohol y cero drogas, dejar el sedentarismo y hacer algo de ejercicio y un decidido y terco auto-cuidado.

Simplemente... Niebla.

Me suscribo algo preocupado...

Hortensio.









domingo, 16 de diciembre de 2018

Alzheimer...

Farwel, deja como constancia y desde la fecha de ésta entrada un grave presentimiento que está mordiendo sus entrañas y es la presencia de algunos síntomas marcados y puntuales de esa terrible enfermedad conocida como el Alzheimer. En éste Plácido domingo un pensamiento en su conocida prosa que llamó simplemente... Alzheimer:

El infame olvido al que te somete el Alzheimer.

Alzheimer. 

Toda mi vida que se la comerá el silencio, la dedicaré a mi alma en pena que empieza a migrar hacia esas fementidas sombras que da el Alzheimer; pero pelearé y llenaré de colores los pequeños espacios que aún nos quedan sin el fantasma del olvido cruel y con mis besos y caricias romper al golpe de los latidos de nuestro corazón, el hierático hielo que en arcadas infames nos está separando...

Dolor acongojante que impide tu regreso en un triste final, y en mi angustia , todos los días de mis miserables días sin tí, preparo el terreno movedizo para que no pase nada nuevo, nada bueno nada malo, y todo siga igual para que no te des cuenta e incansablemente guardar en mi lúcida memoria tu imagen venerada y tu historia amada, mientras en nuestras vidas minuto a minuto se van desnudando y perdiendo las horas que segundo a segundo indefectiblemente me va anunciando que te estoy perdiendo.

Y en esa agónica y eterna verdad tu mirada ausente se hace presente; doloroso vacío que en la noche oscura evocará tu nombre amado y maldigo mil veces esa infame lejanía impuesta en un delirio inacabado y atroz, pero estaré a tu lado hasta el final a tu lado porque se que al momento del abandono, la muerte te abrazará... no temas que aquí estoy, ¡hasta mañana amor mio!   


Un abrazo de angustia.

Hortensio.

domingo, 9 de diciembre de 2018

El soldado y la Muerte (III).

Y la historia continua así:
Y el soldado desafió a la muerte.
Así transcurrieron unos cuantos años, cuando un día se puso enfermo el zar. Llamaron al soldado, y éste, llenando el vaso con agua de la fuente, lo colocó a la cabecera del lecho, miró el agua y vio con horror que la Muerte estaba, como un centinela, sentada a la cabecera del enfermo.

- ¡Majestad! - le dijo el soldado- Nadie podrá devolverle la salud. Solo le quedan tres horas de vida.

Al oír estas palabras el zar se encolerizo y gritó con rabia:

-¿Cómo? Tú que has curado a mis boyardos y a mis generales, ¿no quieres curarme a mi, que soy tu soberano? ¿Acaso soy yo de peor casta o indigno de tu favor? Si no me curas daré la orden para que te ejecuten una hora después de mi muerte.

El soldado se encontró perplejo ante este problema y se puso a suplicar a la Muerte, diciendo:

- Dale al zar la vida y toma en cambio la mía, porque si de todas modos he de perecer, prefiero morir por tu mano a ser ejecutado por la del verdugo.

Miró otra vez el vaso y vio que la Muerte le hacía una señal de aprobación y se colocaba a los pies del zar. El soldado roció al enfermo, y éste en seguida recobró la salud y se levantó de la cama.

-Oye, Muerte -dijo el soldado-, dame tres horas de plazo; necesito volver a casa para despedirme de mi mujer y mi hijo.
-Está bien -contestó la muerte.

El soldado se fue a su casa, se acostó y se puso muy enfermo. La Muerte no tardó en llegar y en colocarse a la cabecera de su cama, diciéndole:

-Despídete pronto de los tuyos, porqué ya no te quedan más que tres minutos de vida.

El soldado extendió un brazo, descolgó de la pared la alforja, la abrió y preguntó:

-¿Qué es esto?

La Muerte contestó:

-Una alforja.
- Es verdad; pues entra aquí.

Y la muerte en un instante se encontró metida en la alforja.
El soldado sintió grande alivio que saltó de la cama, ató fuertemente la alforja, se la colgó al hombro y se encaminó a los espesos bosques de Briauskie. Llegó allí, colgó la alforja en la cima de un álamo y se volvió contento a su casa.

Desde entonces ya no se moría la gente. Nacían y nacían, pero ninguno moría. Así transcurrieron muchos años, sin que el soldado descolgase la alforja del álamo.

Un vez que paseaba por la ciudad tropezó con una anciana tan vieja y decrépita, que se caía al suelo a cada soplo del viento.

-¡Dios de mi alma, que vieja eres! -exclamó el soldado-. Ya es tiempo de que te mueras.
- Si hijo mío - le contestó la anciana-. Cuando hiciste prisionera a la Muerte sólo me quedaba una hora de vida. Tengo gran deseo de descansar; pero ¿cómo he de hacer? Sin la muerte la tierra no me admite para que descanse en sus profundidades. Dios te castigará por ello, pues son muchos los seres humanos que están sufriendo como yo en éste mundo por tu causa.

El soldado quedó pensativo: "Se ve que es necesario liberar a la Muerte aunque me mate a mí- pensó-. ¡Soy un gran pecador!"

Se despidió de los suyos y se dirigió a los bosques de Briauskie. Llegó allí, se acercó al álamo y vio la alforja colgada en o alto del árbol, balanceada por el viento.

-Oye, Muerte, ¿estás viva?- preguntó el soldado.

La Muerte le contestó con una voz apenas perceptible:

- Estoy viva, amigo.

El soldado descolgó la alforja, la desato y la abrió, dejando libre a la Muerte, a la que suplicó que lo matase lo más pronto posible para sufrir poco; pero la muerte, sin hacerle caso, echo a correr y en un instante desapareció.
Que te llega la hora...te llega.
El soldado volvió a su casa y siguió viviendo muchos años, gozando de la mayor felicidad.

Todos creían que ya no se moriría nunca; pero, según dicen, se ha muerto hace poco.

Fin.


Un abrazo incondicional.

Hortensio.









domingo, 2 de diciembre de 2018

El soldado y la muerte (II.)

 Y la historia continua  así:


El valiente soldado ruso.

Los servidores llegaron al palacio y vieron con asombro al soldado paseándose contentísimo por las salas fumando su pipa.

-¡Hola, amigo! Ya no esperábamos verte vivo. ¿Qué tal has pasado la noche? ¿Cómo te las has arreglado con los diablos?
- ¡Valientes  personajes son esos diablos! ¿Miren cuánto oro y cuánta plata les he ganado a los naipes!

Los servidores del zar quedaron asombrados y no se atrevían a creer lo que veían sus ojos.

- Se han quedado todos con la boca abierta -siguió diciendo el soldado-. Envíenme pronto dos herreros y díganles que traigan el yunque y los martillos.

Cuando llegaron los herreros trayendo consigo el yunque y los martillos de batir, les dijo el soldado:

-Descuelguen esa alforja de la pared y den buenos golpes sobre ella.

Los herreros se pusieron a descolgar la alforja y hablaron entre ellos:

- ¡Dios mio, cuanto pesa! ¡Parece como si estuviera llena de diablos!

Y éstos exclamaron desde adentro:

- Somos nosotros, queridos amigos.

Colocaron el yunque con la alforja encima y se pusieron a golpear sobre ella con los martillos como si estuviesen batiendo hierro. Los diablos, no pudiendo soportar el dolor, llenos de espanto, gritaron con todas sus fuerzas:

- ¡Gracia, gracia, soldado! ¡Déjanos libres! ¡Nunca te olvidaremos y ningún diablo entrará jamás en este palacio ni se acercará a él en cien leguas a la redonda!

El soldado ordenó a los herreros que cesasen de golpear, y apenas desató la alforja los diablos echaron a correr sin siquiera mirar atrás; en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron del palacio. Pero no todos tuvieron la suerte de escapar: el soldado detuvo, como prisionero en rehenes, a un diablo cojo que no pudo correr como los demás.

Cuando anunciaron al zar las hazañas del soldado, lo hizo venir a su presencia, lo alabó mucho y lo dejó vivir en el palacio. Desde entonces el valiente soldado empezó a gozar de la vida, porque todo lo tenía en abundancia: los bolsillos rebosando de dinero, el respeto y consideración de toda la gente, que cuando se lo encontraban le hacían reverencias respetuosas, y el cariño de su zar.

Se puso tan contento que quiso casarse. Buscó novia, celebraron la boda y, para colmo de bienes, obtuvo de Dios la gracia de tener un hijo al año de su matrimonio.

Poco tiempo después se puso enfermo el niño y nadie lograba curarlo. Cuantos médicos y curanderos lo visitaban no conseguían ninguna mejoría. Entonces el soldado se acordó del diablo cojo;  trajo la alforja donde lo tenía encerrado y le preguntó:

-¿Estas vivo, diablo?
- Sí, estoy vivo. ¿Qué deseas , señor mío?
- Se ha puesto enfermo mi hijo y no sé que hacer con él. Quizá tu sepas cómo curarlo.
- Sí sé, pero ante todo déjame salir de la alforja.
- ¿Y si me engañas y te escapas?

El diablo cojo le juró que ni siquiera un momento había tenía esa idea, y el soldado, desatando la alforja, puso en libertad a su prisionero.

El diablo, recobrando su libertad, sacó un vaso el bolsillo, lo llenó de agua de la fuente, lo colocó a la cabecera de la cama donde estaba tendido el niño enfermo y dijo al padre:

- Ven aquí, amigo, mira el agua.

El soldado miró el agua, y el diablo le preguntó:

-¿Qué vez?
- Veo la Muerte.
-¿Dónde se halla?
- A los pies de mi hijo.
- Está bien. Si está a los pies, quiere decir que el enfermo se curará. Si hubiese estado en la cabecera, se hubiera muerto sin remedio. Ahora toma el vaso y rocía al enfermo.

El soldado roció al niño con el agua, y al instante se le  quitó la enfermedad.

- Gracias- dijo el soldado al diablo cojo, y le dejó libre, guardando solo el vaso.

La muerte...

Desde aquel día se hizo curandero, dedicándose a curar  a los boyardos y a los generales. No se tomaba más trabajo que el de mirar en el vaso, y en seguida podía decir con la mayor seguridad cual de los enfermos moriría y cual viviría.
                                   
                                   ***

Continuará...
Un abrazo de continuidad.

Hortensio.