El dolor de sentirse olvidado
carece de limites conceptuales.
Farwel.
¿Y quien no ha sentido ese dolor en silencio...? ¡Porqué me olvidó! ¿a quien preguntar si no hay respuesta alguna? Sabemos que nuestro destino común de seres humanos es el olvido, todos seremos olvidados en dos o tres generaciones a no ser que busquemos, como ese pastor del siglo IV a.C. Eróstrato y su síndrome, ser recordado por toda la eternidad, a cualquier precio... Y el dolor es emocionalmente profundo ya sea resultado de un recuerdo melancólico o producido por un injusto desamor.
¿Pero realmente duele...? Sí. La ingratitud de ser olvidados con el paso del tiempo duele, cuando ya pasó el momento de estar recibiendo reconocimientos por actos heroicos, por hechos de servicio a la comunidad de entrega denodada y ese deseo inagotable de permanencia que se va perdiendo con el andar imparable del tiempo real... y nace el dilema que pocos pueden manejar: "olvidar que me olvidaron", qué injusto... ¿porqué a mí? entonces pensar en el olvido adquiere otra dimensión más sana, la del alivio, olvidar ese dolor provoca una muy saludable mitigación para no sentir dolor cuando se piense en el olvido.
Evocar momentos de una historia que se quiere dejar atrás, una culpa que lo amarga u otro evento desagradable que con solo pensar en ella nace al presente, entonces una asimetría simple se presenta: olvidar o ser olvidado, y ya que el tiempo en los humanos se nos presenta como una red de recuerdos tejidos por múltiples hechos, no podemos desconocer que el pasado y los recuerdos viven dentro de nuestras memorias y sino reciclamos selectivamente muchos recuerdos nos ahogaríamos en ellos y se harían insoportables.
Un abrazo sin dolor de olvido.
Hortensio.
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Genial y muy cierto pero quedaron muchas preguntas por contestar.
ResponderEliminarNo se puede olvidar lo inolvidable
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