domingo, 22 de diciembre de 2013

¡Frugalidad! Versus ¡Apegos!

Poseer poco es poseer lo esencial.

¿Porqué le tenemos tanto apego a las cosas? no lo sé, y me lo he preguntado mil veces. Pasamos por la vida cargados de todo tipo de cosas y lo que es peor... llenos de apegos materiales. Es como un afán desmesurado de conseguir cosas y más cosas, acumular cosas, basados en esa premisa del actual 'capitalismo salvaje' del enriquecimiento para poder consumir, en donde casi todo es 'desechable', pero para la vida elemental y sencilla de los abuelos... "La opulencia no otorga ni gracia ni elegancia" y sigue siendo válido aunque los tiempos hayan cambiado.
Los compulsivos apegos por las personas,
el dinero, las cosas y por el pasado.


Desde luego es importante intentar una definición científica o empírica de lo que es la figura del apego, y decimos con los psiquiatras que es 'un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o a una persona'; se origina en la malsana creencia de que si no se tienen, no se puede ser feliz, son por el contrario... desgraciados. Estos apegos tienen dos componentes, un elemento positivo y otro muy negativo. El primero, es el placer y la emoción que se experimenta cuando se consigue 'el objeto del deseo'; en el segundo se da la sensación de amenaza y tensión que se produce al pensar en la perdida de lo que se ha adquirido.

El apego es la ilusión - con una absurda certeza inconsciente - de que las cosas son permanentes y las personas 'eternas', es la resistencia al cambio y la negación de que todo termina algún día. Es verdad, las personas y las cosas, pueda que den seguridad, pero la propia felicidad no debe cimentarse en ellas y uno tiene que aprender a deshacerse de los apegos o cada vez será peor. 

En los días actuales todo se asocia a la riqueza, al "poder" que da el dinero y hasta la personalidad y la identidad se ven unidos lamentablemente, con las cosas que se poseen, es una imagen de sí mismos 'perversa' e 'hipócrita' que los esclaviza para mostrarla a los demás, y, es hasta válido tener pertenencias y cosas, posesiones que despiertan envidia, pero, ¿por ello sentirse feliz y/o realizado...? no lo creo; aunque Federico Nietzsche, el gran nihilista considere muy válidamente que sí, puesto que: "Nadie es feliz sino tiene quien  lo envidie".

La frugalidad de Hortensia Alcalá García en su 'hábitat' de temporada
Hermosa foto de su autoría.
Y, yo envidio (sanamente) a mi amiga 'virtual' Hortensia Alcalá, mi homónima, y, por sobre todo, la admiro por su sencillez, que sin duda alguna debe ser proverbial, sólo basta leer 'su alma' en sus blogs, para saber que no sólo admira la 'simplicidad' de la Naturaleza, sino que vive en armonía con ella, suficiente con mirar la foto que ella misma tomó de su entorno para no poder yo... desmentirme. Casi que ahogado en las rutinas citadinas de éste 'monstruo gigante' que es Bogotá, con sus más de ocho millones de seres, cómo no envidiarla de verdad. Sí, la envidio y según la sentencia de Nietzsche, ella deberá sentirse feliz de que en verdad alguien la... envidie.

De verdad Hortensia, jamás podría (con sinceridad) tenerle envidia a esos necios acumuladores de bienes materiales, de títulos, diplomas, automóviles, obras de arte (caso aparte, pero de consecuencias peores), casas, fincas y zapatos, Imelda Marcos, esposa del dictador de Filipinas, cuando huyo después de ser derrocado el dictador, en su palacio le encontraron una colección de tres (3.000) mil pares  de zapatos de 'marca'. Hay quienes hasta amantes y "amigos" acumulan como cosas; en éste punto me acuerdo de la anécdota de un poeta que fue invitado a una fiesta en la que condecoraban a un militar al que ya no le cabía una medalla más en su arrogante pecho, después de dicha imposición los invitados se acercaban al militar para felicitarlo y el turno fue para el poeta quien con una sonrisa acomodada le dijo: - Mi estimado coronel, una medalla es un honor, dos medallas dos honores, tres y más son una chatarrería, consecuencia... lo sacaron a empujones de la fiesta mientras reía a llanto por su imprudente sinceridad.

Una colombiana frente a una chosa de Tayrona.

Con el tiempo ya maduros y más viejos ( si nos encontramos lúcidos) empezamos a sentir el peso de todo lo que hemos acumulado inútilmente y ésto agobia (a los no enfermos), pero también ciega absurdamente a quienes se creen 'inmortales' y hasta el último segundo antes de expirar están pensando: ¡qué van hacer con mis cosas! y mueren angustiados. En vida no escuchan consejos y se olvidan que la codicia acumuladora, el tener más y más, es la mayor fábrica de eslavos voluntarios que se conoce... Una mujer demasiado hermosa era una enferma 'compradora compulsiva' nada le importaba, sólo compraba lo que veía en los demás, si el marido enamorado no se separa de la compulsiva... lo arruina y lo desgracia.

Sinceramente, aunque tengo mis 'cosas' necesarias trato de vivir con frugalidad que no es otra cosa que la sobriedad; y no creo equivocarme que sea ese el caso de la poetiza 'Hortensia de Guispúzcoa' y con ella sabemos que no faltara el idiota que nos pueda tratar de 'marginales' por nuestra adorable sencillez en el vivir, deliciosa y encantadora, hasta se puede volverse voluptuosa en un momento dado; sin ser humildes nos gusta lo sencillo y lo frugal por lo que nos volvemos peligrosos para la economía, por no hacerle el juego al consumo.

Y de nuevo no faltará el 'crápula' que confunde la modestia y la sencillez o la simplicidad con la avaricia (que odiamos) y la hipocresía (que nos repugna) y si nos consideran antisociales no consumistas, pues que le vamos a ser si lo nuestro es como la poesía... una filosofía de vida. A propósito, un filósofo pos-modernista lo definió con clara simplicidad: "Vivir con poco mejora la calidad de vida... para llegar ese estado de tranquilidad se necesita un buen bagaje intelectual y espiritual para poder comprender ese difícil "arte de vivir". Y que cierto, Hortensia, el arte está en saber elegir 'la riqueza de tener pocas cosas' pero prácticas, útiles y necesarias que pueden llegar a ser hasta bellas y hasta refinadas, es simplemente tener 'sentido común' y gran sentido del detalle, ese que si lo pasamos por alto, nos aparta de elegir objetos básicos y necesarios que desde luego son innecesarios de acumulación.

Hasta en el vestir hay que ser limpios y frugales; un alto ejecutivo de una multinacional le preguntó al finado diseñador de modas italiano Gianni Versace, que para él que era elegancia, le contesto: - Es el arte de pasar desapercibido'; eso es simple y llanamente... frugalidad. En nuestras casas preferir el confort, el buen gusto y la limpieza al asqueroso acumulamiento de 'valiosos objetos - tesoros' muchos de ellos sin más mínimo sentido práctico e inútiles que no aportan nada a la supuesta comodidad de valor.

Todos los filósofos y pensadores de la antigüedad, de una u otra forma, tenían por premisa la contundente sentencia de Sócrates, muchos siglos antes de nuestra era: 'Si quieres ser rico, desea lo menos posible' y que sigue más vigente que nunca con poder de actualidad. Desprendete de todo lo que ya  no uses, menos de tu biblioteca; por darle más valor a las cosas que a la gente y a los valores humanos, es que nos hemos vuelto unos completos alienados' que nos hemos alejado de lo esencial... Poseer poco para poseer lo esencial. Pero mucho cuidado, es difícil conocer los límites de nuestras propias necesidades sin asomarnos al abismo de los apegos y mirar horrorizados al tenebroso y mal llamado 'síndrome de Diogenes' que ya lo conocemos con terror... feo y degradante, asqueroso.

El filósofo cínico Diógenes, prendiendo su linterna
a plena luz del día para salir a buscar un hombre en Grecia.
Tener poco es darse uno la oportunidad de apreciar lo que ha adquirido con esfuerzo; acumular y acumular cosas es en definitiva un lastre y llenar la vida de cosas innecesarias es una verdadera desgracia, de ahí el dicho popular que dice sabiamente que: 'Uno no posee las cosas, ellas nos poseen a nosotros'. Y sí, somos dueños de tener lo que se nos antoje, pero tenemos que conocer los límites y no llegar a esa enfermedad de la 'compulsión del comprador' que nos lleva indefectiblemente al temido síndrome de Diógenes; debemos llegar de la mano del sentido común, al limite de nuestras necesidades y nada más. Una casa simple y sencilla, por lo mismo, espanta a los ladrones, a la llama de los envidiosos y desde luego a la polilla...

La inigualable Marilyn Monroe, mi amor platónico, lo decía con una simpleza rayana en la ingenuidad pero con sabiduría y que quiso llevarla a la práctica en su vida pero que desde luego, por las circunstancias, le fue imposible no estar rodeada de lujos, a una pregunta de que quería para su 'cumpleaños' contestó: "Regálame una copa para champán, pero muy bella, de Baccarat o Lalique, para celebrar a solas mis aniversarios. No quiero tener cosas  ni ser responsable por ninguna de ellas, sólo quiero que estén allí cuando las necesite. No quiero regalos más duraderos que un buen Champagne o un ramo de rosas de color exótico. Yo no quiero cosas, quiero momentos." En la soledad y el desencanto de su vida encontró ese momento el día que murió hace cincuenta (50) años y que al mirarla hoy, sigue igual de fresca y más... hermosa.

Para terminar, un consejo amigos... Trata de hacer un inventario de tus reales necesidades, simplifica gastos innecesarios, controla tus antojos y deseos y a poner todo en orden... "Menos para más y no dudes en cambiar lo bueno por lo mejor", y con las sabias palabras de Epicuro, cierro ésta larga entrada en éste 'placido domingo': "No es más feliz el más tiene sino el que menos necesita".

Un simple y frugal abrazo.

Hortensio